La ciencia por gusto

Plagio en la academia

Yo creo que el escándalo y la expulsión por plagio de dos miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), anunciada ayer por el Conacyt, ha sido excesivo.

Por si no está usted enterado, Rodrigo Núñez Arancibia, de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, en Michoacán, y Juan Antonio Pascual Gay, de El Colegio de San Luis, fueron hallados culpables de haber realizado plagios de tesis, libros y artículos para simular una alta productividad académica y obtener así becas del SNI.

Las acusaciones ya se habían venido discutiendo pública y privadamente. Pascual plagió un texto del escritor Guillermo Sheridan. Por su parte, Núñez Arancibia se las arregló para cometer numerosos plagios a lo largo de 11 años de carrera académica sin ser descubierto.

En su comunicado de ayer, los funcionarios del Conacyt indicaron que esta institución “no tolera faltas éticas que ponen en duda la integridad del Sistema Nacional de Investigadores”.

Y hacen bien. Como señaló Soledad Loaeza el 16 de julio en La Jornada: “Los plagiarios en la academia son delincuentes que se aprovechan del código de honor que gobierna nuestra profesión, uno de cuyos principios es la buena fe”. Y concluye: “En materia de plagio hay que ser contundentes y definitivos. Estamos actuando en defensa propia”.

Pero la deshonestidad es humana. Que se presente de vez en cuando en el mundo académico no debería ser noticia. El caso de Núñez y Pascual apareció, con grandes titulares, en todos los medios noticiosos mexicanos. Ojalá se prestara la misma atención a otras noticias de ciencia.

Se podría pensar que es un problema grave en México. Pero, como señala el propio comunicado, “el SNI cuenta con alrededor de 23 mil 300 miembros y es muy poco frecuente que se dé una falta de honorabilidad”.

En todo caso, habría que felicitar a la comunidad académica mexicana porque tiene cada vez mejores mecanismos para detectar este tipo de fraudes, y porque toma medidas efectivas para sancionarlos.

Los fraudes, plagios y otras conductas deshonestas socavan la base misma del trabajo científico y académico. Pero son parte de la naturaleza humana. Y es parte de la naturaleza de la academia combatir esos defectos de nuestra naturaleza.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

mbonfil@unam.mx