La ciencia por gusto

Nanotecnología y promesas

En 1959 el futuro premio Nobel de Física Richard Feynman propuso que un día se podrían manipular directamente los átomos para construir cosas con ellos. Inspiró así el sueño de desarrollar no solo nanomateriales, sino nanomáquinas y nanorrobots, que ha engolosinado a los nanotecnólogos durante casi tres décadas.

La manipulación nanométrica es atractiva porque a esa escala (millonésimas de milímetro) muchos materiales presentan propiedades novedosas. Y la existencia de máquinas y autómatas nanométricos abriría posibilidades tecnológicas y tratamientos médicos, revolucionarios: se pensaba en robots que recorrieran por dentro nuestras venas y disolvieran coágulos de grasa o tumores.

Sin embargo, luego de todo este tiempo, los logros prácticos de la nanotecnología se han limitado a la llamada “primera generación”: nanoestructuras pasivas; simples materiales. Cosméticos contra la radiación solar, vendajes con nanopartículas de plata que aceleran la curación, tratamientos para jeans o calcetines que los hacen más durables y frescos, materiales más resistentes.

Por eso llamó mi atención una noticia de la semana pasada: la obtención, por científicos de la UNAM, de “nanotubos y nanoesferas basados en proteínas virales”. Estos materiales, producto del trabajo de un equipo multidisciplinario de los Institutos de Biotecnología y de Ciencias Físicas podrían “aplicarse en la formación de circuitos electrónicos para celulares y computadoras”.

Lo interesante es, precisamente, que en vez de tratar de “construir” sus materiales átomo por átomo o mediante procesos fisicoquímicos, los investigadores de la UNAM utilizaron partículas que fueron diseñadas por la evolución para formar parte de nanorrobots que ya funcionan: los virus.

Hoy podemos manipular los genes que controlan la producción de estas nanomáquinas. Como lo han hecho los investigadores mexicanos, utilizar la ingeniería genética para hacer nanotecnología es lo más lógico. Las piezas no se tienen que “fabricar”, sino que se “cultivan”. Además, alterando los genes mismos, los podrán modificar para adaptarlos a sus necesidades.

Feynman nunca previó que la nanotecnología con la que soñó acabaría siendo, al final, biotecnología.

mbonfil@unam.mx