La ciencia por gusto

Mareas rojas, ciencia y suspenso

En 1963: Se estrena el filme Los pájaros, de A. Hitchcock, que muestra los ataques enloquecidos de aves contra habitantes de la costa de California. La película tenía antecedentes reales. En agosto de 1961 las aves marinas de la Bahía de Monterrey, California, comenzaron a comportarse muy raro, volando desorientadas, vomitando y chocando contra edificios y gente. Después se supo que probablemente se habían intoxicado con ciertas algas que producen una toxina que afecta seriamente el sistema nervioso animal. Días antes había habido un florecimiento de dichas algas: una “marea roja”.

1974: A los nueve años, recibo de mis padres un libro titulado Reino animal, de la editorial española Daimon. Una ilustración mostraba a un protozoario marino capaz de nadar gracias una prolongación (flagelo): el Gonyaulax, parecido a una pequeña cápsula espacial. “Cuando se halla en gran cantidad tiñe de rojo el mar y provoca la muerte de peces”, decía.

2014: 40 años después, estoy en el laboratorio del Departamento de Plancton y Ecología Marina del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR) del IPN, en La Paz, Baja California Sur.

Ahí Lorena Durán Riveroll, estudiante de doctorado especializada en la ecología y fisiología del plancton nocivo, me muestra el microorganismo con el que trabaja, y que también causa mareas rojas: Gymnodiniumcatenatum. Lorena toma unas gotas del cultivo y las pone al microscopio. Veo cadenitas de células verdosas, que nadan y giran desordenadamente.

Gymnodinium produce la “saxitoxina”, que causa desde dolor de cabeza y vómitos hasta parálisis y muerte. En el laboratorio estudian su estructura química y cómo se produce. Al ver una imagen de Gymnodinium en microscopio electrónico, me encuentro algo muy parecido a mi viejo conocido Gonyaulax. No son la misma especie, pero deben ser primos.

Más allá de entender y prevenir las mareas rojas, hallar métodos para combatir intoxicaciones o aprovechar las propiedades de estas toxinas para usarlas como anestésicos, me asombran de nuevo las conexiones inesperadas y sorpresas que la ciencia siempre ofrece.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM

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