La ciencia por gusto

Malas noticias sobre el VIH

Cuando la gente habla mal de la ciencia siempre menciona cómo no ha logrado curar el sida.

Es injusto: el rápido desarrollo de pruebas diagnósticas y medicamentos antirretrovirales permitió comenzar de inmediato el combate a la pandemia. Y el desarrollo de las terapias que someten al virus a un triple ataque con medicamentos, que le impide mutar simultáneamente para volverse resistente a todos, han convertido la infección con VIH en una enfermedad prácticamente crónica. Hoy toda persona infectada puede hacerse la prueba y recibir tratamiento; nadie debería ya morir de sida.

Pero, ¿por qué la terapia antirretroviral no logra curar la infección? Como afirma Robert Siliciano, de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, en un artículo recién publicado en la revista Cell, porque “en las células CD4+ inactivas persisten provirus latentes”.

En otras palabras, porque dentro de esas células (a las que infecta y destruye el VIH), a veces queda insertado el genoma del virus (el provirus). Esto se debe precisamente a que el VIH es un retrovirus: su genoma no está hecho de ADN, como de la mayoría de los seres vivos, sino de su primo, el ácido ribonucleico, ARN. El virus primero tiene que convertir su información genética a ADN, usando una enzima llamada retrotranscriptasa —de ahí lo de retrovirus— para que la maquinaria de la célula infectada pueda leerla y fabricar nuevos virus.

Pero esto también permite que el ADN del virus se inserte en el ADN de la célula humana. Cuando una persona infectada recibe tratamiento, éste mata al virus, pero si deja de tomarlo puede salir de su escondite en el genoma de las células infectadas y volver a causar daño.

Hasta ahora se estimaba que solo una de cada mil células tenían estos provirus esperando a resurgir. Pero la investigación de Siliciano revela que la cantidad de estas bombas de tiempo es quizá 60 veces mayor.

Esto resulta un verdadero balde de agua fría para las esperanzas de desarrollar una cura, que dependía de hacer salir a estos virus ocultos para poder eliminarlos.

Es mejor saberlo; así conocemos mejor el tamaño del reto en la búsqueda de la ansiada cura. Sí: a veces la ciencia da malas noticias.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM