La ciencia por gusto

Greenpeace vs los Nobel

Incluso las mejores intenciones pueden generar monstruos, y el ambientalismo no es la excepción. Greenpeace, organización no gubernamental con raíces estadunidenses, se ha convertido en uno.

Surgió en 1970 y fue formada por “cuáqueros, pacifistas, ecologistas, periodistas y hippies”. Defiende, a través de campañas y protestas de gran impacto mediático, el rechazo a toda tecnología nuclear, la oposición a las armas y la promoción de la paz, la protección de ballenas y otros animales en peligro y la oposición al cultivo y consumo de vegetales transgénicos.

Desgraciadamente, tiende a llevar su lucha a extremos de fanatismo. Sus protestas llegan a dañar monumentos (como en 2014 en las Líneas de Nazca) y violan leyes internacionales. Esto y sus posturas radicales han dañado su imagen pública. A pesar de esto, tiene ingresos anuales de 400 millones de dólares.

Hace dos semanas un grupo de 110 ganadores del premio Nobel suscribió una carta donde acusa a Greenpeace de “crímenes contra la humanidad” por su rechazo dogmático a los cultivos transgénicos, y en especial al “arroz dorado”.

Los transgénicos son polémicos, pero sus opositores desinforman difundiendo como ciertos hechos hoy refutados, como que pueden causar daños a la salud. El arroz dorado es emblemático: desarrollado para combatir la deficiencia de vitamina A, que causa ceguera a entre 250 y 500 mil niños anualmente, en África y Asia, contiene genes para producir altas cantidades de beta-caroteno, precursor de esta vitamina. Su cultivo y distribución masiva podría prevenir la deficiencia con solo consumir una taza diaria. Pero sus opositores, notoriamente Greenpeace, lo han impedido, mediante campañas y cabildeo.

Es interesante leer la carta de los Nobel. Es más interesante leer la respuesta oficial de Greenpeace, llena de afirmaciones vagas, medias mentiras y acusaciones de complot.

Creo que ha llegado el momento de reconocer que organizaciones intransigentes como Greenpeace y similares juegan un papel profundamente anticientífico en la discusión de temas donde la protección del ambiente y el bienestar humano están en juego. Y eso, aunque sea un buen pretexto para recaudar fondos, no beneficia ni a la sociedad ni al ambiente.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM