La ciencia por gusto

Esas malditas canas

A nadie le gusta envejecer, y uno de los primeros signos de ello es la aparición de las primeras canas.

¿Qué causa el encanecimiento? O más bien: ¿qué causa que el pelo tenga color? Respuesta: un pigmento llamado melanina, que da color no solo al pelo, sino a toda la piel (y que viene en dos variedades: la eumelanina, de color café-negro, y la feomelanina, anaranjado-rojiza). La causa del encanecimiento es el cese de la producción de melanina.

El cabello es una estructura compleja. Se produce en órganos de la piel llamados folículos, y consta de células llamadas queratinocitos, repletas de la proteína queratina (que, además del pelo, forma la capa superficial de la piel, las uñas y los cuernos). La melanina que da color al cabello es producida por otras células del folículo, llamadas, muy apropiadamente, melanocitos.

El encanecimiento sobreviene cuando los melanocitos del folículo mueren y dejan de producir melanina. Pues bien: un equipo multinacional de 36 científicos coordinado por Andrés Ruiz Linares, del University College de Londres, en el que hay varios mexicanos de la UNAM y el INAH, junto con especialistas de Colombia, Perú, Brasil y Chile, publicó en marzo pasado un artículo en la revista Nature Communications donde describen, entre otros hallazgos, el primer gen relacionado con el encanecimiento en humanos.

El gen se localizó estudiando los genomas de 6 mil 357 individuos, hombres y mujeres, que mostraron tener genes de orígenes mixtos (48% europeos, 46% nativo americano y 6% africano), usando métodos estadísticos para relacionar las características de su cabello con sitios específicos del genoma.

Es probable que este tipo de investigaciones puedan llevar, con el tiempo, a terapias que permitan controlar y combatir el encanecimiento, lo cual haría felices a muchos de quienes odiamos las canas. Y también a aplicaciones menos frívolas, como usar muestras genéticas de los restos de un cuerpo humano para determinar el color del pelo y su textura, lo cual podría ser de gran utilidad para las ciencias forenses y la arqueología.

Pero eso, si llega, llevará tiempo. Por lo pronto tendremos que seguir recurriendo a los tintes o las pinzas de depilar. Ni modo.


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Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM