La ciencia por gusto

Ébola

Los virus siguen siendo misteriosos: no los entendemos lo suficiente como para predecir y controlar su comportamiento. Es natural que las noticias de una epidemia de la mortal fiebre hemorrágica causada por el virus de ébola cause temor.

Su nombre se deriva del río Ébola, en la República del Congo, donde se descubrió en 1976. El brote actual parece causar una mortalidad de 59 por ciento. Comenzó en marzo pasado en Guinea, y se ha extendido a Sierra Leona y Liberia. Ha causado ya unas mil 600 infecciones y unas 890 muertes.

La principal causa de alarma, además de su mortalidad, es que es sumamente contagioso y puede matar a sus víctimas en solo unos días. Si añadimos que se trata del brote que más personas ha matado hasta ahora, y que por primera vez se ha extendido a áreas urbanas (Monrovia, capital de Liberia), la alarma se justifica.

No está totalmente claro cómo se contagia: no por aire, pero sí por contacto directo y por fluidos como sangre y semen. Se piensa que el virus existe en murciélagos, de donde pasa ocasionalmente a cerdos, antílopes y primates, y de éstos a humanos. La falta de higiene es un factor en su transmisión, y los cadáveres siguen siendo infecciosos.

Y sin embargo, hay buenas noticias. Aunque no existe una vacuna, varias están en desarrollo y pruebas. Y un tratamiento experimental que se está aplicando a un paciente estadunidense trasladado hace unos días a un hospital de Atlanta parece estar resultando prometedor.

Además, 11 países africanos afectados o en riesgo están tomando medidas para controlar el contagio, y la Organización Mundial de la Salud y otros organismos internacionales están llevando un control minucioso de los casos y del tratamiento de los pacientes.

Es poco probable que el virus se extienda mucho más: su propia alta mortalidad limita su expansión (a diferencia de virus menos contagiosos y  mortales, pero que gracias a su periodo de incubación pueden extenderse mucho más ampliamente, como el VIH).

No está de más estar alertas. Consuela pensar que, digan lo que digan quienes desconfían de la ciencia, gracias a ella hoy contamos con muchas mejores herramientas para identificar y confrontar estas nuevas amenazas con mucha mayor eficacia que nunca antes.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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