La ciencia por gusto

Disgusto por la filosofía

Recientemente me he involucrado en discusiones en Facebook sobre la “inutilidad” de la filosofía. Sobre todo con colegas que se dedican a combatir seudociencias y supercherías.

Afirman que la filosofía “son meras especulaciones existenciales”, “solo ideas”. La describen como “vacía, inútil y refugio de la pomposidad”. La descalifican por “no tener utilidad práctica”, por ser solo una simulación para que los “filósofos profesionales” cobren un sueldo por no hacer nada… Y proponen eliminarla del sistema educativo, del mundo académico y del mapa del conocimiento humano actual.

Entiendo que mis colegas escépticos estén a la defensiva: los filósofos de la ciencia han descubierto cosas inquietantes, como que la idea de objetividad, de que la ciencia revela “verdades”, carece de sustento. (Yo prefiero decir que produce conocimiento confiable.)

En especial desde los 90, con las llamadas “guerras de las ciencias”, en la que algunos científicos desataron un combate abierto con las humanidades y las ciencias sociales, la desconfianza de la ciencia hacia la filosofía no ha hecho más que crecer.

Claro, si se trata de luchar contra creencias infundadas que se hacen pasar como ciencia sin serlo, que causan daño y se aprovechan de la credulidad de la gente, es útil tener una concepción de la ciencia como una fuente certera de conocimiento confirmado. La filosofía muestra justo lo contrario. Pero eso no quiere decir que la ciencia no sea la mejor forma que tenemos para adquirir conocimiento sobre el mundo material.

Creo que mis amigos se equivocan doblemente. Primero, porque quieren juzgar a la filosofía con los criterios de la ciencia, exigiendo que el conocimiento que produce sea “útil” y “verdadero”. Y segundo, porque en realidad lo que tienen es miedo de que, al descartar la imagen de superioridad, certeza e invulnerabilidad de la ciencia, y mostrárnosla como una actividad humana con defectos, problemas y contradicciones, los filósofos puedan terminar por destruirla.

Creo que su miedo es infundado. Creer que para que la ciencia sobreviva tenemos que mantener el espejismo de la princesa de cuento que nos recetan en la escuela es tener muy poca confianza en ella.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM

mbonfil@unam.mx