La ciencia por gusto

Dice mi mami que siempre sí

Todo mundo sabe que exponerse al frío puede causar catarro. Pero la ciencia había declarado falsa tal creencia: no hay evidencia de que una baja temperatura favorezca la infección por rinovirus o por cualquiera de los otros cientos de virus que causan resfriado. Más bien se pensaba que era el estar encerrado con otras personas debido al clima frío lo que facilitaba los contagios.

Pero la sabiduría popular a veces acierta. La simple experiencia nos hace ponernos suéteres y bufandas para no enfermarnos. Incluso el nombre mismo de la enfermedad la relaciona con el enfriamiento: resfriado deriva de “enfriar”, igual que su equivalente en inglés, cold.

Una de las debilidades que más frecuentemente se le achaca a la ciencia es que cambia de opinión. Pero en realidad se trata de una de sus mayores virtudes: la capacidad de ajustar sus teorías cuando surge nueva evidencia; corregir errores y avanzar hacia un conocimiento cada vez más profundo y confiable.

Desde hace décadas se sabe que, por alguna razón, los rinovirus pueden reproducirse más rápidamente, y por tanto causar más infecciones, a temperaturas ligeramente inferiores a los 37 grados centígrados del cuerpo humano. Y la mucosa nasal suele tener una temperatura de entre 33 y 35 grados.

Pues bien: un equipo de investigadores de la Universidad de Yale, Estados Unidos, comandado por Akiko Iwasaki, decidió investigar por qué.

Investigaciones previas habían mostrado que el efecto del frío no depende del virus. Iwasaki y sus colegas decidieron investigar si la causa estaba en el organismo infectado.

Usando células de tejido respiratorio de ratón, y cultivando los virus a 33 o 37 grados, hallaron que a baja temperatura la respuesta de defensa de las células, que involucra la producción de interferón —proteínas que hacen que las células cercanas activen mecanismos de defensa contra los virus—, disminuya.

La investigación demostró así que, en efecto, una baja temperatura puede causar que los rinovirus infecten más fácilmente no solo la mucosa nasal, sino también el tejido pulmonar.

De modo que la ciencia dice, después de todo, que nuestras madres tenían razón. Más vale taparse cuando hace frío: ¡no nos vaya a dar un catarro!

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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