La ciencia por gusto

Cultura plagiaria

Surgió ya el próximo gran escándalo que cimbrará al gobierno de Enrique Peña Nieto: el plagio en su tesis. O no: quizá el escándalo se quede solo en eso.

El hecho es que casi una tercera parte de su tesis de licenciatura, que obtuvo en la Universidad Panamericana bajo la dirección de Eduardo Alfonso Guerrero Martínez, hoy magistrado en la CdMx, fue plagiada.

Mucha gente ha comentado sobre los aspectos éticos y políticos del tema. Uno de los afectados, Enrique Krauze, declara en Letras Libres que la proporción de fragmentos plagiados “es considerable e inadmisible”. El columnista de MILENIO Gil Gamés avizora que el daño a la imagen del Presidente servirá de pretexto para echar atrás una muy urgente reforma educativa. Y lo más preocupante: el vocero de la Presidencia minimiza como “errores de estilo” el plagio, mientras que el secretario de Educación, Aurelio Nuño, esquiva el tema diciendo que “hay cosas mucho más importantes”.

Pero me parece especialmente interesante el enfoque académico del periodista Esteban Illades en Nexos: en México ha habido en años recientes varios escándalos por plagio académico, entre los que destacan los de Sealtiel Alatriste y Boris Berenzon. Illades señala que la cultura académica y de investigación científica en México ha privilegiado, de manera nociva, la cantidad sobre la calidad y esto fomenta la tendencia a usar cualquier recurso, incluyendo el plagio.

Evaluar la investigación en ciencias naturales, sociales o humanidades es complejo. Universidades y organismos como el Conacyt tienen que evaluar de algún modo para repartir sus apoyos. Ante la dificultad de una evaluación cualitativa, se opta por la cantidad: número de tesis, de egresados, de artículos publicados, eficiencia terminal y demás.

Illades retoma una propuesta publicada en Nexos en 2015, donde se proponía que todo el sistema educativo, universitario y de investigación en México adoptara un compromiso explícito contra el plagio, así como métodos, reglas, criterios y sanciones para detectarlo y castigarlo.

Más allá de las implicaciones y consecuencias del plagio individual de Peña, urge retomar en nuestro país el estándar de honestidad intelectual sin el cual toda actividad académica se desmorona.

mbonfil@unam.mx

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM