La ciencia por gusto

Ciencia, economía y desarrollo

Quienes estudiamos ciencias naturales tendemos a tener una opinión bastante prejuiciada de la economía. Probablemente porque en la educación básica y media no se nos enseña prácticamente nada al respecto.

La semana pasada tuve oportunidad de comenzar a combatir mis preconcepciones al asistir al Simposio Libertad y Desarrollo, organizado por la Universidad de Guanajuato. Se trató de un evento académico dirigido principal, pero no exclusivamente, a los estudiantes de la carrera de Economía. La mayoría de los ponentes pertenecían al mundo de las ciencias económicas.

En esta segunda edición, el simposio estuvo dedicado al tema de la discriminación. Yo fui invitado a hablar sobre la utilidad de la ciencia —y su difusión pública— para combatir las distintas formas en que privamos a nuestros semejantes de los derechos que todos deberíamos tener.

Para mí, un humilde químico acostumbrado a tratar con una concepción físico-química-biológica del mundo, donde la energía y la materia se conservan y el conocimiento se obtiene en gran medida gracias a la experimentación controlada, asomarme a la economía fue como entrar a otro mundo. Ahí los experimentos son raros; se depende más bien de observaciones y modelos (muchos de ellos altamente matematizados y rigurosos, eso sí). Y el dinero, que hoy es ya una entidad virtual, no barras de oro almacenadas en Fort Knox, ¡sí se puede crear continuamente!

En el simposio me enteré de que existen grandes mitos respecto a la economía. Por ejemplo, que lejos de lo que muchos creemos, esta ciencia no es un simple revoltijo de concepciones caprichosas y contradictorias que no logran predecir gran cosa, sino una disciplina con altos estándares de rigor que produce conocimiento que puede ser sometido a prueba y mejorado.

Pero lo más importante es que comencé a entender que la economía, junto con otras disciplinas o ciencias sociales pueden y deben ser utilizadas para combatir la desigualdad y la discriminación, para lograr que, como expresa el lema del evento, haya “un lugar para cada proyecto de vida” y, en última instancia, para promover el bienestar de la humanidad.

No: los economistas no son como los pintan. Al menos, no todos.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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