La ciencia por gusto

Ciencia de calidad

La ciencia bien hecha produce conocimiento confiable, que al ser aplicado funciona. Pero hay también ciencia mal hecha, que no pasa el primer control de calidad científica: la revisión por pares previa a su publicación.

También hay casos de mala fe: fraudes científicos en los que un investigador inventa sus resultados. Es difícil descubrirlos, pero no demasiado.

Y hay también pseudociencias: disciplinas (astrología, medicina “cuántica”, ovniología) que, sin serlo, se presentan como científicas.

Pero ¿quién decide qué es ciencia y qué no, y cuál es de buena calidad? En general es el consenso de la comunidad científica el que establece el “criterio de cientificidad”. Normalmente obedece a la evidencia y la argumentación lógica, aunque también influyen factores ideológicos, políticos, económicos y hasta estéticos.

Y el primer paso en la formación de ese consenso es la revisión por pares. Recientemente discutimos un artículo de Randy Shekman, en el que criticaba duramente a las grandes revistas científicas comerciales por considerar que privilegian las investigaciones más vistosas o atractivas para la prensa, en vez de las mejores.

La alternativa a las carísimas revistas comerciales es el llamado “acceso libre”: revistas que se pueden leer gratuitamente en internet y que en muchos casos (el más famoso son las revistas PLoS) publican todos los artículos que reciben, siempre y cuando sean investigaciones bien hechas. No eligen “la mejor” ciencia ni la más vistosa.

En 2013, en su blog, Michael Eisen, fundador de PLoS, argumentó que las revistas ya no son funcionales en el siglo XXI, y que se benefician indebidamente al cobrar por leer investigaciones pagadas, casi siempre, con dinero público. Para Eisen, las revistas deben cambiar: volverse electrónicas, ser de acceso libre, y sustituir la revisión por pares previa a la publicación por una revisión posterior, que permitiría seguir actualizando y mejorando los datos ya publicados.

Son propuestas revolucionarias, pero algunas ya están ocurriendo. Aun así, los cambios en el sistema de evaluación tendrán que seguir garantizando la calidad: tiene que poderse distinguir la ciencia mal hecha y la pseudociencia de la ciencia legítima.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM.

mbonfil@unam.mx