La ciencia por gusto

Arte, ciencia y naturaleza

Uno de los grandes prejuicios respecto a la ciencia es que es puramente racional, cerebral, y, por tanto insensible, fría, inhumana. Exactamente lo opuesto al arte, que es cálido, creativo y expresa emociones.

Sí: el arte se define como una actividad característicamente humana. Cosas que pudieran ser objeto de una apreciación estética, como un atardecer, el canto de un ave o la guapura de una persona, no califican como “arte”, pues no son creaciones de Homo sapiens.

¿Por qué esta distinción? ¿Por qué consideramos que la belleza de la naturaleza, que puede sorprendernos y conmovernos tanto o más que la más refinada obra de arte, no merece entrar en la misma categoría solo por no ser producto del esfuerzo y la creatividad humana?

Tengo la impresión de que esta separación se basa en un prejuicio, muy similar pero opuesto al que nos hace pensar que las cosas artificiales son “inferiores” a las naturales. Es el prejuicio de que los productos humanos son fundamentalmente distintos de aquellos que existen en la naturaleza (inferiores, en el caso de alimentos y materiales; superiores, si se habla del arte).

Y sin embargo, la distinción natural/artificial es, básicamente… artificial. Si el ser humano es producto de la evolución, y como tal parte de la naturaleza, ¿por qué consideramos que los frutos de su intelecto y actividad quedan fuera de ésta? Los humanos creamos arte mediante procesos naturales (no sobrenaturales). Estrictamente, el arte es también un producto de la evolución, y por tanto parte de la naturaleza.

Lo mismo, por supuesto, se podría decir de todo aquello que calificamos de “artificial”: todos los frutos de la actividad humana, incluyendo a la ciencia y la tecnología. Lo curioso es que, en el caso del arte, usemos su origen humano como señal de calidad, como si la belleza espontánea no tuviese el mismo valor, pero al considerar a la ciencia y sus productos, califiquemos su factura humana como un defecto.

Y tampoco hay que olvidar que la visión del mundo que nos ofrece la ciencia permite experimentar esa misma sensación de maravilla que nos da el arte. Al final, si lo pensamos bien, todo, incluyendo a nuestra especie y sus productos, es parte de la naturaleza.

Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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