Articulista invitada

González Iñárritu, una inspiración

El mérito es de todo el equipo de "Birdman", sin duda, pero el ejemplo de este torbellino creativo que es Alejandro salpica e inspira a los que seguimos haciendo el cine que queremos hacer desde México.

Con cariño y agradecimiento a Alejandro

Soberón y Federico González Compeán

Amores Perros peleaba por una nominación al Oscar a Mejor Película Extranjera y la empresa Lions Gate, que iba a distribuir esta rarísima “película mexicana de autor” en Estados Unidos, manifestó tener severas dudas de si esta nominación haría o no una diferencia en los resultados de la taquilla. Buscar la nominación, para ellos, era tirar el dinero a la basura. Pero el equipo que la realizó pensó que estaban equivocados. Era el momento de creérsela.

Primero hubo que convencer a los colegas de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de que la eligieran. Aunque ahora suene increíble, esto no fue sencillo. Había muchos cangrejos en la cubeta. Colegas incómodos por la aparición de un director de comerciales ahora convertido en autor. Prejuicios. Envidia. Pero al final hubo más cómplices en el deprimido medio que valoraron el filme y que vieron en él esperanza, talento y una oportunidad para impulsar al cine mexicano. Por contar con una distribuidora en Estados Unidos, AmoresPerros era la que tenía más posibilidades de llegar y por eso fue la elegida para representar a México en los Oscar 2001.

Sin embargo, los ejecutivos de Lions Gate no estaban dispuestos a arriesgar lo que los productores creíamos que se merecía la película. Para ellos era un filme destinado a ocupar unas cuantas salas en el circuito de arte de Nueva York y Los Ángeles, y todo era una cuestión de dinero. No entendían nuestras expectativas y tampoco sabían con quién estaban tratando. ¿Se imaginan la frustración de los productores mexicanos?

No hay que olvidar que la ópera prima de Alejandro González Iñárritu tiene un tiempo de duración de dos horas con 37 minutos, además de incluir violentas escenas de peleas de perros y la desventaja de un reparto maravilloso pero totalmente desconocido en ese entonces (fue la primera película de Gael García Bernal). El hecho de que para ese momento Amores Perros se hubiera convertido en la película que había cosechado más premios internacionales de 2000 a 2001 tampoco fue suficiente garantía para Lions Gate. Las películas con subtítulos son un risky business.

La última vez que México había estado cerca de la portería del Oscar había sido con Como agua para chocolate de Alfonso Arau (1992), cuyos derechos de distribución fueron adquiridos por la poderosa Miramax, que aun cuando logró que quedara nominada para los Globos de Oro, no consiguió un lugar en los Oscar. Eso sí, fue la película en lengua extranjera con mejores resultados de taquilla en ese año, aunque tenerla como referencia con Amores Perros era ridículo. El chocolate de una tenía azúcar y la otra era 100% cacao.

Fue Altavista Films, la dueña mayoritaria del filme, en un acto de absoluto arrojo, locura y pasión la que tomó la decisión de apostar lo que habían ganado en la taquilla mexicana (cantidad que equivalía a lo que habían invertido en producirla, SIN ningún Eficine o apoyo del gobierno) para financiar una campaña que le diera a Amores Perros una oportunidad de quedar nominada, así como pagar las copias y la publicidad suficientes para alcanzar una audiencia más amplia. Un reto inédito en el mercado más competido e importante del mundo.

Tampoco había referencias para esta aventura. Para el año 2001, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro no habían estrenado nunca una película mexicana en Estados Unidos. Su experiencia en “el otro lado” partía de haber realizado películas hechas dentro del sistema de estudios de Hollywood: Mimic (1997), La princesita (1995), Great Expectations (1998). Pero su consejo, generosidad y compañía fueron importantísimos durante todo el proceso.

Se trataba de buscar al público latino en Estados Unidos. ¿Irían nuestros paisanos a llenar las salas? ¿Dónde estaban? ¿Tenían ganas de ver una película tan fuerte o más bien de reírse? Hace dos años Eugenio Derbez, con su No se aceptan devoluciones, nos dio la respuesta.

Así que se contrató especialistas para cabildear en la Academia (sin cabildeo no existes en el Oscar), mismos que entre otras estrategias locas se esmeraron en evitar que los miembros del comité de esta categoría que tuvieran lindos perritos fueran a verla. Se pagaron los servicios de varias agencias de relaciones públicas que manejaban medios en inglés y medios del mercado latino y se armó una agenda bestial que dependía básicamente de una sola persona: Alejandro González Iñárritu, el vocero natural de Amores perros.

Tuve la fortuna de acompañarlo en esta gira de promoción por Estados Unidos, tanto a festivales como a numerosos press junkets que hicimos en Nueva York, Los Ángeles y Miami. Fue como recorrer un laberinto. El incansable Alejandro afinaba su discurso, dormía poco, se quedaba sin voz al tiempo que hacía gala de su enorme poder de seducción y su impresionante capacidad de convencer y comunicar. Cada vez que dudábamos o que había que tomar decisiones, Alejandro traía a la mesa la idea de que habíamos hecho una película importante y que no podíamos achicarnos y tener una mentalidad “de ranchito”. Nos contagiaba a todos de ir por más.

Dos personajes americanos jugaron un papel clave en este viaje: John Lesher y Elyse Scherz de la United Talent Agency. Trabajaron para que sus nuevos clientes, Alejandro González Iñárritu y Gael García Bernal, fueran tratados en Hollywood como el talento más valioso. Sin un agente no eres nadie en esa industria. El estreno de Amores Perros en Estados Unidos era clave para ambos. En el caso de Lesher, su objetivo era ofrecer a su cliente sobre todo una cosa: el control creativo de sus proyectos. Alejandro estaba dispuesto a trabajar en Estados Unidos siempre y cuando no perdiera su libertad. Libertad, la palabra más cara y más deseada en Hollywood.

Catorce años después de haber perdido el Oscar ante la espectacular película de Ang Lee El tigre y el dragón, no solo confirmo que la experiencia de haber trabajado con Alejandro en su primera película ha marcado la historia profesional de todos los involucrados. También las películas que vinieron después han sido recibidas con menos prejuicios y se han abierto puertas que antes estaban cerradas en los mercados internacionales de cine para las historias mexicanas. Hay que ver el promedio de bateo de los últimos cuatro años: un mexicano ha ganado el premio a Mejor Director en Cannes y en los Oscares. (Reygadas, Cuarón, Escalante, González Iñárritu). Algo estamos haciendo bien.

Me dio una gran alegría ver al querido Negro el domingo de la mano de viejos y nuevos cómplices: sus guionistas argentinos, Emmanuel Lubezki, Martín Hernández, Lynn Fainchtein, Antonio Sánchez, de María Eladia Hagerman y de John Lesher, ahora su productor. Verlos bien plantados ante una industria hermética, poderosa y que vive en el constante miedo a perder dinero. Sin embargo, ahora la Academia de esta industria premia la valentía, la originalidad y el arrojo de una película cuyo líder y autor es un mexicano. El mérito es de todo el equipo de Birdman, sin duda. Pero el ejemplo de este torbellino creativo que es Alejandro González Iñárritu salpica e inspira a los que seguimos haciendo el cine que queremos hacer desde México. 

Martha Sosa es productora de "Amores Perros"