Taller Sie7e

Uuu vamos en el tren… Uuu vamos en el tren

Dedicado al Padre Gerardo Govea


La iglesia está llena a más de la capacidad total de sus bancas y corredores,  las puertas frontales y laterales abiertas para dar espacio a las personas apostadas en el atrio, los patios y las banquetas. En los rostros de hombres y mujeres ruedan lágrimas calladas hacia afuera y hacia adentro del alma, intentando ser discretas. La misa solemne la concelebran  dos obispos y cincuenta hombres consagrados a la iglesia católica. Ha muerto un sacerdote.

En el centro del pasillo, frente al altar mayor, sobre el féretro que resguarda el sueño último, reposa una Biblia abierta, como reposa una bandera sobre el féretro de un soldado.  Pienso ¿Qué reposará sobre mi ataúd? ¿En qué creo? ¿Con qué sentido vivo?  Preguntas existenciales para mí que estoy más allá de los cincuenta y la vida me exige la resignificación de un tiempo que ya avizora la muerte.

El celebrante repasa la secuencia de vida del fallecido: Francisco Gerardo Govea nació en Tula Tamaulipas, de lo que presumía con orgullo, ya que de ahí procede la cuera tamaulipeca. Estudioso de la historia. Gran y divertido lector, conversador, y  escritor. Y señala con énfasis que la mejor manera de honrar al Padre Govea es viviendo el compromiso del sacerdocio como él lo asumió. Que además del sacerdocio consagrado, son importantes el sacerdocio laico y el sacerdocio comunitario. Escuchar sobre un sacerdocio comunitario me sorprende. Es lo que la comunidad hace para el bien. Es un acto sagrado colectivo. Reflexiono en que es un gran reto para esta sociedad fragmentada hasta para hacer caridad.

 “Mi química”, “Mi poeta”, decía el padre Govea al saludarme. “Mi gran historiadora” saludaba a María Luisa Herrera, “Has hecho una buena vida, estás en paz” le dijo a mi mamá en su lecho de muerte, cómplice del amor de Dios. Las tres fuimos constantes seguidoras de su misa de niños del domingo, alegrada por su cálida sencillez, los cantos infantiles, las mañanitas y el aplauso en honor de alguien presente, de algún acontecimiento en el mundo, de algún Santo o de la Virgen.

Mi ojos lloran mientras mi corazón canta “No me importa de dónde tú vengas, ni tu raza, ni cuánto tú tengas, si en el corazón llevas a Cristo, dame la mano y mi hermano serás… Uuu vamos en el tren…Uuu vamos en el tren”

Contemplo a los sacerdotes presentes uno a uno rociar con agua bendita el féretro de su hermano en Cristo, mientras el obispo continúa la descripción del hombre que ahora despedimos; de las bocinas emerge su voz en alto: “El padre Govea fue un enamorado de la belleza de la creación y de la belleza de los actos, y un servidor fiel y solícito de Dios, ambas cosas llevadas hasta la exageración”     

…  Así quiero vivir yo..