Taller Sie7e

José Emilio Pacheco: ladrón de horas

Un buen día me desperté con la receptividad abierta a la poesía de José Emilio Pacheco, y entendí que en él, ser poeta, es ser un caminante conversador.  Conversador con el mundo, consigo mismo, con él siendo parte del mundo, con el mundo inseminado en él. 

No es una mera labor de testigo o de cronista de la vida la que tiene su escritura. Su poema es la pisadacon que su mirada elíptica se posa en el paisaje del instante. Mira, en un mismo flujo de percepción sensorial,la tierra agrietada por la sequía, y la lluvia, real por su ausencia. Mira también coninteligencia de hombre justo.

La poesía que piensa es la más difícil de crear, en ella conviven la razón y la compasión. Esta es la frontera entre filosofía y

poesía: la compasión. El poema piensa y se conduele, se conduele y piensa. 

Comparto aquí un fragmento del poemaintitulado ¿Qué Tierra es ésta? En él,José Emilio camina el llano de Juan Rulfo, esa “costra de tepetate” que dio la revolución a los campesinos, en donde es imposible sembrar. En su caminar conversa con los fantasmas que habitan ese desolado e insolado páramo. Conversa con los muertos-vivos, conversa con nosotros.

“Llueve muy poco/ le crecieron espinas a nuestra tierra. / Somos como terrones endurecidos. / Somos la viva imagen del desconsuelo, / ¿Qué tierra es ésta?/ ¿En dónde estamos?/ Todos se van de aquí./ Nomás se quedan / los puros viejos/ las mujeres solas./ Aquí vivimos/ aquí dejamos nuestras vidas./Un lugar moribundo. / Ya no se escucha / sino el silencio de las soledades. / Y eso acaba con uno. /Digan si oyen alguna señal de algo / o si ven luz en alguna parte. / Si hay olor de paz y de alfalfa/ como olor de miel derramada./ Digan si ven la tierra que merecemos. / Digan si hay aire y nubes./Si hay esperanza./Si contra nuestras penas/hay esperanza. / Digan si es necesario lavar las cosas,/ponerlo todo de nueva cuenta,/como campo recién llovido./ Digan si oyen algunaseñal de algo/ o si ven luz en alguna parte./ Digan si ven la tierra que merecemos./ Digan si contra nuestras penas/ hay esperanza.”

Sé de buena fuente, dicho por su esposa Cristina Pacheco, que José Emilio tenía urgencia: de saber, de hacer, de escribir. Ese hombre corpulento y absorto corría el maratón de los minutos apegándose a este mundo, bebiéndose todas las letras, todas las ideas, curioseando y asombrándose. Su conciencia de muerte lo mantenía despiertohacia la vida, ladrón de horas a la noche y al día.

Los días se le acabaron a José Emilio Pacheco, a pesar de tantas páginas más, posibles y pendientes, por leer y por escribir. Y es que el  “hoy” es una flor fugaz del árbol del tiempo. El “hoy” depende de la salida del sol y nada más,y el mañana también, depende del sol, sólo del sol, a pesar de todos los humanos esfuerzos.