Taller Sie7e

La Cultura: ha decido no rendirse

Asistí ayer al homenaje a Talía Olivares por sus cincuenta años de trayectoria profesional y cultural. Ritual hermoso el detenerse en la vida para celebrar en compañía, el recuento del tiempo y sus vivencias, lo sembrado y lo cosechado, las dificultades y los fracasos, montañas y abismos, días luminosos y días oscuros, transitados a base de genuina entrega.

Terminada la ceremonia se formó el clásico grupo de los trasnochados, a los que me sumo naturalmente. Aquellos que se quedan para beber las últimas gotas del tinto, charlan acerca de las virtudes o las fallas en lo recién presenciado, y terminan por conversar sobre lo que a cada quien cautiva.

Talía, Paty, Ángeles, Ernesto, Víctor y Martha, atados a las últimas sillas, para que no fueran apiladas en señal de cierre de la sala, recorrimos el laberinto de nuestros lenguajes: la fotografía, la música, la poesía, la tradición, el folclore, la cultura.

Ernesto disertaba que para lograr mejores fotografías de danzantes debiera aprender a danzar el fotógrafo. Paty daba luz acerca del vacío existente para el desarrollo musical en pequeños menores de tres años. Víctor confesaba tener poemas extraviados en la nube, a la que no tiene acceso. Ángeles y Talía hacían proyectos de difusión de tradiciones huastecas. Yo compartía mi convicción de que el lenguaje escrito es tan innato como el lenguaje oral.

Y así pasaron esas gratas horas… en un puerto, donde, simultáneamente, una tarde de viernes:se reflexiona sobre los derechos de los animales en un aula de la Universidad, y sobre el patrimonio prehispánico en el Museo Huasteco; la orquesta comunitaria llena de música el Teatro del Metro, se aprende a leer a Freud en el ágora de Vive la Cultura, y  expresiones artísticas diversas se producen en plazas, cafés  y centros de Arte independientes , mientras en el Centro Cultural Bicentenario, se rinde homenaje a una mujer de tradiciones.

En un puerto, que vive siempre bajo amenaza de lluvia y de vientos del norte; un puerto que se ha desacostumbrado a los huracanes del mar, y acostumbrado a los huracanes del mal, lo artístico, vive fuerte y con vida propia; La cultura,  por sí misma, ha decidido no rendirse. Es ejemplo de empuje para otros sectores de la sociedad y para el gobierno mismo.