Taller Sie7e

Adriana Hidalgo pintora en nuestro puerto


Adriana Hidalgo ejerce la más pura tradición del ABSTRACTO. Posee capacidad de introspección, profunda hasta la captura última de lo esencial; resistencia para transitar el intenso camino hasta su representación; y técnica, con la que plasma a plenitud los colores primarios, considerados por Mondrian los elementales del Universo;  Su pincel moldea al BLANCO, neutro en su increíble conjunción de opuestos; y sustrae de la Nada al NEGRO, para mostrarlo abismal y dogmático. Mención aparte merece el AZUL, impureza conceptual, germen de vida en la muerte, administrado en el lienzo con subterránea intención.

Azules vibrantes,  húmedos,  azules apenas celestes,  se asoman desde el gris que anuncia la trama. No puedo hablar del ROJO, aún  no alcanzo a asirlo con el intelecto.  Descartado lo sublime, desechada la belleza icónica y luminosa,   rebasado el mito consigna lo gestual en su composición.

Con oficioso dejo, el impresionismo esboza en la obra el momento irónico en que la realidad figurativa es consumida por su inherente fugacidad,  despojada de toda su inmediatez. Representación impecable de un violento desprenderse.

Conocí la obra de Adriana al escribir un texto para su serie pictórica “Desterrados”, donde trata el tema del Holocausto. En esos lienzos todo es memoria, todo arde, hierve, funde, rodea a un alma de ceniza; el vértigo la turbulencia la ráfaga se asoman desde las grietas; la noción amorfa del color abraza la emoción.  Ella es una de los excelentes pintores cuya obra está atrapada en nuestro puerto, y debiera estar en bienales y galerías internacionales. Pintores para los que se requiere una estrategia de difusión en la política cultural de nuestra ciudad y nuestro Estado. Para los que es necesario exista una Galería de la Ciudad y foros de exposición artística que conlleven sustento económico para el pintor.      Hay mucha obra que rescatar y promocionar, mucho patrimonio artístico que construir y salvaguardar, antes de que nuestros pintores entren de lleno al movimiento digital. Entonces pintarán un cuadro, le tomarán una serie de fotografías, y reciclarán el lienzo.

Entonces venderán la imagen de sus obras, para ser integradas a un video musical o a un performance postpoético, al impreso de una taza de café, a una agenda, a un calendario, o al estampado de un tapiz de muebles, de una bufanda o de una corbata, al catálogo de tatuajes de autor, o a las cubiertas personalizadas o protectores de pantalla  de iphones.  Estamos ya ahí, en ese movimiento del arte que utiliza los soportes de vanguardia, “las nuevas plataformas” como suele definírseles. Junto a ésta realidad ineludible, queda el reto a las autoridades culturales de Tamaulipas de construir el muro que sostenga y muestre al mundo el Arte de Adriana y de otros talentos.