La utopía de Marc Augé

Hoy tal vez ya estén dadas, a pesar de todo, las condiciones para concebir una utopía urbana eficaz, es decir, capaz de convencer a los habitantes de la ciudad.” (Marc Augé, Elogio de la Bicicleta, Gedisa, 2008, pág.75)

Marc Augé deja correr su imaginación a través de una gran ciudad como París, dejando entrever lo que pasa dentro de 30 años (Augé, 2008:79-87): para entonces el problema de la circulación se ha solucionado, los medios de transporte público han proliferado -más allá de la ciudad intramuros- permitiendo la mayor cantidad de viajes directos posibles, mientras que a tempranas horas el transporte de bienes y servicios se realiza eficientemente sin alterar las prioridades del nuevo estatuto de circulación compartida y preferencial, en el que las personas, los ciclistas, el transporte público y la logística urbana asumen la responsabilidad cotidiana de la movilidad y la accesibilidad citadina y la regional, inteligentemente próxima y dispersa. También imagina que los grandes estacionamientos, más allá de sus aspectos arquitectónicos y urbanos en los límites de la Gran París, sirven como grandes puntos intercambio intermodal para quienes prefieren salir de la capital en su automóvil, condicionados por 4 itinerarios de entrada y salida que con el tiempo desaparecerán. La circulación automovilística en el interior de la ciudad está prohibida, así como la disponibilidad de espacios para el estacionamiento automotor, los peatones se desplazan cómodamente por sus banquetas, los ciclistas por las calles y avenidas, y los usuarios del transporte público se mueven en un sistema integrado cuyos distintos modos tienen vías exclusivamente asignadas; cualquier persona puede alquilar una bicicleta cerca o afuera de todas las estaciones o paraderos del transporte público, existiendo grandes estacionamientos para bicicletas en lugar de los que antes existían para los automóviles. Los sistemas de renta de bicicletas se han convertido particularmente atractivos para los turistas de esta gran ciudad, sin embargo, muchos de sus habitantes prefieren sus propias bicicletas dándoles identidad propia de formas diversas y creativas, tal como antes lo hacían con sus automóviles, con la diferencia de que“…la bicicleta es, en sí misma, un objeto pequeño, un objeto incorporado y no un espacio habitado como el automóvil…” (Auge, 2008:83). Las personas de la quinta edad con fragilidad o alguna debilidad pasajera prefieren los ciclotaxis, bien sean mecánicos o eléctricos, las bicicletas tándems o dobles se han convertido en moda, tanto para pedalear juntos por solidaridad o por amor. La bicicleta en todas sus modalidades y tripulantes, se han convertido en los objetos y actores individuales y colectivos de la ciudad.

Es importante comentar que esta utopía ya es realidad en buena medida en muchas ciudades que han entendido y conciliado su presente y su futuro, desde las ciudades de los países nórdicos, hasta numerosas ciudades en el mundo asiático y occidental, incluidas algunas ciudades latinoamericanas con acciones incipientes. 

Leer esto en esta temporada, y tratar de imaginar lo mismo para nuestra metrópoli dentro de 30 años en sus particulares circunstancias, pudiera acercarse a la ficción. No obstante podría ser un ejercicio de utopía igualmente eficaz, atractivo, convincente y aspiracional, ahora que buena parte de nuestros cohabitantes se debate entre el abarrotamiento vacacional y la congestión vehicular, pues nuestra ciudad casi vacía de autos nos da tiempo de pensar en algo mejor, ante una tranquilidad extraña donde los sonidos y la transparencia del aire envuelven una urbe acostumbrada a la fatiga, el riesgo, la contaminación y la irracionalidad cotidiana.

Para aquellos que tuvieron la oportunidad de una ciudad efímeramente vivible, se darán cuenta que la utopía de Augé tiene mayor resonancia a pesar del pragmatismo económico y político prevaleciente. Pues para lograr ciudades más justas, equitativas y vivibles, antes se requiere diseñar e implementar políticas públicas inspiradas en utopías eficaces y atractivas como la de Augé: Desde la ciudad humana a la ciudad verde; desde la ciudad próxima a la ciudad  caminable y pedaleable –permítaseme el término-; desde la ciudad inteligente hasta la ciudad equitativa, desde la ciudad próspera a la ciudad-mundo. En cada una de ellas está implícita una paradoja o un concepto contrario, y más acorde a nuestra realidad presente, ya que la mayoría de nuestras ciudades son inhumanas, son un burdo artificio que se sobrepone a la naturaleza, son lejanas, fragmentarias e inequitativas, no son caminables y difícilmente se circulan en bicicleta, las corrientes de tráfico automotor dominan y fragmentan el espacio urbano, junto con un sistema de transporte público cada vez más deficiente y desintegrado. Asimismo nuestras las ciudades son disfuncionales y poco prósperas, no obstante los avances tecnológicos y frente a procesos de globalización selectivos y excluyentes.

Ante este desagradable presente, muchas mentes pragmáticas esbozarán una leve o franca sonrisa por la aparente ingenuidad de mis palabras renovadoras. Para quienes nos inspiran las utopías, tal como Augé, tenemos el derecho a imaginar más allá de nuestra propia existencia. 

mario.cordova@milenio.com