Los principios económicos del transporte "(primera parte)"

La ciencia cuenta con disciplinas para el conocimiento integral del transporte. La Economía del Transporte es una rama especializada de la teoría económica que desde hace mucho tiempo se ha enfocado científicamente en el análisis de las implicaciones del transporte, en particular en las últimas décadas inmersas en una vertiginosa globalización comercial con profundos cambios productivos, tecnológicos e informáticos.

Estudiar los mercados del transporte es fundamental, sobre todo cuando está en entredicho la sustentabilidad macroeconómica y microeconómica de muchos proyectos públicos y privados, y más aún, cuando entran en juego los costos del usuario, los del transportista, los del sector público y los del sector privado, sin dejar de lado todos aquellos impactos negativos -económicamente no internalizados- y que todo mundo paga con su tiempo, su salud, su seguridad y una menor calidad de vida.

Pensar en términos económicos el transporte implica estudiar la naturaleza de sus mercados y sus formas de producción, es analizar el valor social y productivo de millones de horas empleadas cotidianamente para realizar múltiples actividades, es observar los factores que disminuyen o aumentan la competitividad económica, es investigar los efectos interactivos entre la oferta y la demanda, es analizar los efectos de los mecanismos de auto regulación o control en el contexto de una competencia limitada, es evaluar la eficacia y eficiencia de los modelos operativos de servicio de pequeña y gran escala, es analizar la sustentabilidad de las inversiones públicas y privadas considerando la vida útil de las infraestructuras y los medios de transportación, sus tasas internas de retorno o rentabilidad, su correlación con los ingresos tarifarios o la dependencia de subsidios públicos.

Según Ginés de Rus (2003) no obstante que hemos asistido a cambios profundos en la industria del transporte “.., los elementos y principios económicos básicos que rigen el funcionamiento de las diferentes modalidades de transporte apenas si han cambiado.”, por lo que en concordancia con esto y dada la importancia de los cambios que se aproximan en nuestro estado, expondré brevemente diez principios básicos en dos partes:

1.Tecnología de producción. Es necesario considerar las tecnologías para producir el servicio tomando en cuenta la construcción y conservación de la infraestructura, el equipo rodante y la tecnología operativa. En el caso de los sistemas integrados de transporte público, el uso inteligente y coordinado de tecnologías y modos de transportación son requisitos para producir una alta calidad de servicio; en algunos sistemas, la explotación puede ser responsabilidad de un sólo operador como ha ocurrido en los sistemas ferroviarios, sin embargo esto también está cambiando -especialmente en el transporte de pasajeros- con la participación simultánea de otros actores, como lo fue parcialmente en la línea 1 del BRT de Guadalajara (Macrobús) y el caso reciente de la línea 12 del metro de la Ciudad de México.

2.El tiempo de los usuarios. Aún cuando el valor social del tiempo suele ser menospreciado en las políticas públicas, el menor tiempo de desplazamiento de transporte es un beneficio que propicia una distribución modal más sustentable, y sobre todo, si es fortalecido con una estrategia que desestimule el uso del automóvil a través de restricciones zonales y alternativas de proximidad y disuasión. Existen estudios nacionales que cuantifican el valor social del tiempo por regiones del país, suficientes para revalorar los beneficios de políticas públicas orientadas al bienestar y la calidad de vida.

3. No almacenabilidad e indivisibilidad del servicio. La oferta de transporte que no es utilizada se pierde, además que es imposible seccionar o dividir el servicio sin que tenga consecuencias en los costos fijos del transporte. Un servicio mal planeado y operado, pierde a diario numerosos espacios, por lo que observar unidades de transporte de pasajeros vacías o semivacías en períodos de baja demanda en un indicador evidente de una absurda operación, pues además de pérdidas económicas sustantivas mantiene las externalidades negativas del transporte. Esta característica del transporte en general, y especialmente en el transporte público, obliga al buen dimensionamiento de la flota vehicular y la regulación eficiente de las frecuencias de paso, sin embargo, es inevitable que el almacenamiento de vehículos en horas de baja demanda tenga un costo permanente en la operación y que las frecuencias se encuentren supeditadas al nivel de sobreposición del servicio y el alto congestionamiento vehicular de una vialidad compartida.

4. Inversión óptima en infraestructura. Este aspecto es un verdadero desafío para la ciencia del transporte y el urbanismo, especialmente para servicios de naturaleza pública, pues dimensionar adecuadamente la demanda actual y prever su crecimiento futuro es un problema de índole multifactorial que involucra diversas variables. Existen numerosos estudios de caso que documentan fracasos ante la demanda resultante con la operación de una nueva línea o corredor de transporte en contraste con el exceso o escasez de infraestructura y flota vehicular, exhibiendo malas decisiones en inversiones supuestamente productivas. Sin embargo, en muchos casos nos daremos cuenta que lo sucedido no fue necesariamente un error de cálculo, sino de supuestos concomitantes fallidos y la ausencia de políticas públicas orientadas al uso inteligente del territorio mediante huellas urbanas basadas en la densidad, diversidad, diseño y el uso social y privado de las plusvalías. Como solía decir el Arquitecto Jaime Lerner cuando en 1996 mostraba orgullosamente el Sistema Integrado de Transporte Público de Curitiba: “El sistema es sustentable porque la gran cantidad de viajes cortos facilita los viajes largos”.