Gobernanza metropolitana

Más que una gerencia metropolitana se necesita Gobernanza Metropolitana, es decir, una manera de intervenir el territorio con eficacia y calidad en las interacciones públicas, privadas y de la sociedad civil, una  nueva forma de gestionar el territorio para revertir el desorden urbano y dar consistencia al crecimiento y desarrollo sustentable que nuestra metrópoli necesita.

Ésta tesis se sustenta en confrontación a los resultados negativos de la dispersión urbana y que ahora, en la densificación todavía orientada al automóvil y a la estratificación social, apuesta por cambiar la dispersión. 

El Área Metropolitana de Guadalajara, segunda más grande del país, en donde se concentra más del 60 por ciento de la población del Estado de Jalisco y se genera más del 6 por ciento del PIB nacional, se encuentra en la antesala de la crisis urbana. De no dar un golpe de timón en las políticas públicas y en las formas de intervención públicas y privadas, y de participación social, el sector inmobiliario continuará depredando el patrimonio natural y edificado, pulverizando el territorio hasta su colapso estructural. Todo esto al ritmo crónico e incesante de conjuntos habitacionales lejanos y desconectados de bajísima calidad, así como de torres de departamentos que surgen en vacíos urbanos  o  espacios reciclados de la mayor plusvalía, produciendo fuertes impactos negativos sobre la ciudad.

Las políticas públicas municipales de control, consolidación y densificación bajo criterios sustentables sólo son un mero discurso retórico en contraste con el acontecer cotidiano. Las acciones urbanísticas o edificatorias se han convertido en el escenario de la transgresión urbana, que con o sin la complacencia de las autoridades terminan con el apoyo del Tribunal de lo Administrativo del Poder Judicial.

Muchas avenidas y calles de la ciudad se han vuelto un verdadero caos, sin regulación y a la deriva de la mano –no tan invisible- del libre mercado, esencialmente especulador; áreas habitacionales de nivel económico alto -en otros tiempos intocables y resguardadas por sus propios vecinos- son sujetas a la especulación y autorización desmedida de permisos y giros  que afectan la tranquilidad y bienestar de sus vecinos, ante la vista gorda de autoridades y la pasividad de los colonos. El territorio municipal, en muchos casos, se ha vuelto el campo de batalla de la irregularidad y la impunidad, donde el resguardo del interés comunitario pasa a último término. 

Mientras los gobiernos municipales invocan su estatuto de autonomía e identidad, olvidan su realidad y vocación metropolitana, difiriendo los problemas intermunicipales compartidos. Sin embargo, la metropolización es ineludible y tarde o temprano tendrá que ser enfrentada en toda su magnitud política, si lo que se pretende es pasar de una ciudad grande a una gran metrópoli.

El espacio metropolitano no implica soslayar los municipios y sus demás escalas urbanas, sino por el contrario, asegurar que el crecimiento y desarrollo urbano actual y futuro sean congruentes y consecuentes con la calidad de vida distrital, barrial o vecinal. Local y global se conjugan estratégicamente en la nuevo devenir del mundo urbano y sólo el esfuerzo compartido de una gran metrópoli puede satisfacer las expectativas de desarrollo integral y sustentable.

Pensar el territorio de manera metropolitana y sustentable demanda la implementación de estrategias del todo con las partes:  de la metrópoli con su región, de la metrópoli con sus municipios, y de estos entre si, y de estos con la diversidad de sus tejidos socioeconómicos y ambientales intraurbanos.

Planificar y actuar de manera metropolitana, más que la elaboración sofisticada mapas georeferenciados y la aplicación de  modelos cibernéticos, implica el alineamiento de las políticas públicas metropolitanas de sus diferentes niveles de gobierno, así como la gestión y convergencia de inversiones públicas y  privadas que propicien interacciones sostenibles en términos sociales, económicos y ambientales.

Los conceptos actuales y los instrumentos de la planificación urbana son prácticamente obsoletos, pues han demostrado su falta de efectividad a lo largo de 50 años. El futuro de las ciudades, y en particular de la metrópolis y sus regiones,  será más articulado y nodal. La policentralidad urbana ya existente necesitará de mayores esfuerzos infraestructurales de conectividad y accesibilidad, mediante la combinación inteligente de estrategias lineales y nodales orientadas al transporte urbano sustentable.

Cuando se tiene una empresa pública de esta magnitud y estos enormes retos, antes que pensar en la administración gerencial, se necesita hacer un recuento de sus recursos para establecer compromisos duraderos y de gran visión que traspasen las barreras político administrativas temporales y coyunturales. Lo más urgente en todo esto y que no acepta mayor postergación, es un decreto intermunicipal transexenal que redimensione y programe las reservas urbanas para el crecimiento  y desarrollo municipal y metropolitano. Cuando esto suceda volveremos a creer en la planeación de la ciudad.

mario.cordova@milenio.com