Conducción responsable

El alcohol y el volante no se llevan. Según datos del Consejo Estatal Para la Prevención de Accidentes (CEPAJ) y la Secretaría de Movilidad, en el estado de Jalisco se registran anualmente alrededor de 50,000 accidentes viales, con casi 7,000 heridos y 1,500 muertes, es decir, 4 muertes al día. Según las estadísticas del 2012, Jalisco ocupó las primeras posiciones en el nada honroso ranking nacional.

En lo que va del 2013, en el área metropolitana de Guadalajara se han tenido 501 defunciones, de las cuales el 26% han sido muertes relacionadas con la conducción bajo el influjo del alcohol; los grupos de edad en lo que tuvo mayor incidencia fueron en jóvenes de 15 a 29 años  y en los no tan jóvenes de 30 a 44 años de edad.  El mes en que suelen ocurrir más muertes ha sido diciembre, quizás por el contexto de las festividades decembrinas y la algarabía colectiva, donde los excesos y las conductas irresponsables están a la orden del día.

Desde hace años la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene prendiendo los focos rojos en todo el mundo y en particular en México. El alcohol es uno de los cinco factores de riesgo determinantes de la mortalidad mundial y es urgente hacer algo, de manera integral y en diversos campos del ámbito público y privado. La conducción bajo el influjo del alcohol y otros enervantes es, a su vez,  uno de los factores más importantes que inciden en los accidentes viales, junto con otras actitudes inconvenientes de la conducción motora, tales como conducir a exceso de velocidad, no utilizar el cinturón de seguridad en adultos y niños,  conducir hablando o escribiendo mensajes en celular, y no utilizar casco, en el caso de la conducción de motocicletas.

A todo lo anterior se suma la combinación de todos ellos, incrementando aún más las posibilidades de tener un accidente vial con fatales consecuencias: al calor de la euforia o depresión causada por el alcohol y otros enervantes, es casi seguro el manejo a exceso de velocidad, con el uso de distractores visuales y auditivos -como son la telefonía celular y la música compulsiva-, infringiendo todas las señales de tránsito. En diversas zonas de esta ciudad, las calles se convierten en verdaderas pistas de carreras, patinones y rechinidos de llantas suelen alterar nuestro sueño a altas horas de la madrugada. Los jóvenes y algunos padres piensan que a ellos nunca les ocurrirá un accidente, hasta que la muerte tempranamente llama a sus puertas con el interminable sufrimiento de haber perdido un hijo, un familiar o un amigo.

Desafortunadamente para el país y Jalisco esto se ha vuelto crítico, pues durante todos estos años los esfuerzos por adquirir una cultura vial y propiciar conductas responsables han sido escasos, en un contexto de corrupción donde autoridades y ciudadanos suelen ser cómplices, pues aún con las mejores leyes y reglamentos, si la impunidad y la falta de transparencia prevalecen, terminan erosionando las bases de cualquier buena iniciativa normativa. Se puede decir –y es la percepción de muchos ciudadanos- que a los cinco factores de riesgo anteriormente enunciados, hay que sumarle la corrupción y la impunidad, pues en los últimos años ha habido casos de lamentables pérdidas humanas donde el trámite de influencias y el poder político y económico han salvado de las rejas a los verdaderos culpables.

En contraparte, la gestión inteligente del tránsito y la aplicación de políticas públicas creativas e innovadoras que cambien las tendencias dominantes pueden ser la solución. Hay significativos avances en la tecnología que vigilan el cumplimiento de las leyes y evitan la corrupción, tanto infraccionando por medios digitales como documentando, visual y auditivamente, todos los actos donde interviene la autoridad y los ciudadanos con motivo de una sanción personalizada. La modificación de las leyes, los reglamentos y las normas es fundamental, pero sobre todo, el desarrollo de programas que ataquen de fondo los principales factores de la accidentalidad.

El programa Salvando Vidas implementado por el gobierno del estado de Jalisco a través de la Secretaría de Movilidad, es un programa que disminuirá sin duda de manera notable los accidentes y las muertes causadas por la conducción motora bajo el influjo del alcohol y otros enervantes. El blindaje que ha tenido a bien darle el gobernador del estado es fundamental para evitar cualquier tipo de corrupción o trámite de influencias.

Es un programa que actuando simultáneamente con otras esferas públicas, como por ejemplo la educación y salud, pueden disminuir el peso del enorme problema que significa el alcoholismo y la drogadicción en nuestra juventud. Es recomendable que en los diferentes niveles de gobierno, conjuntamente con escuelas, universidades y la sociedad organizada, se emprendan campañas permanentes integrales tendientes a modificar los modelos de comportamiento actuales a través del fomento de una nueva cultura que integre aspectos de urbanidad y salud pública.

Los resultados recientes del operativo Salvando Vidas son muy alentadores;  asumamos nuestra parte para conducir con responsabilidad, pues como bien lo dijo el joven León Coronado, quien quedó discapacitado en un accidente vial: “La fiesta dura toda la vida, no sólo una noche”. 

mario.cordova@milenio.com