Mujeres con propósito

¿Los niños prodigio nacen o se descubren?

Últimamente, tal vez porque el Internet y las redes sociales nos han acercado a todos los rincones del mundo, conocemos de más niños prodigio. Se viralizan las historias de las niñas que hablan con una madurez de adulto, o de los pequeños que pueden vencer en deportes a los mejores del mundo. Apenas hace unas semanas supimos de Dafne Almazán, la niña mexicana que con tan solo 13 años, se graduó de la universidad, convirtiéndose en la psicóloga más joven del mundo.

Pero para que sucediera, hizo falta un sistema de soporte que permitiera su completo desarrollo.

Dafne, como muchos otros niños, destacó desde muy corta edad. Para algunos, se trató de la velocidad con que resolvían problemas matemáticos, o el entendimiento de conceptos muy complicados para la media de los niños de su edad. En cualquiera de los casos, un padre o un maestro tuvieron la sensibilidad para descubrir estas características ¿Se podría pensar que estamos dejando crecer a más niños prodigio que, por oportunidades o por apoyo, no pueden potenciar su condición? La crianza tiene mucho que ver en esto, y especialmente en las niñas.

Los estereotipos de género están orillando a las niñas a asumir roles tradicionales y alejándolas de la posibilidad de explorar la ciencia, la tecnología y las artes. Al mismo tiempo, los mismos estereotipos de género, llevan a los niños varones a descubrir por ellos mismos el mundo, tener más experiencias sensoriales y a confiar en su capacidad e intelecto. Deberíamos empezar a emplear este paradigma con las niñas, dándoles la misma confianza y seguridad para explotar todas sus capacidades.

Dafne es hermana de dos niños superdotados: Andrew y Delanie. Andrew también fue noticia hace unos años, cuando terminó su licenciatura en la Universidad de las Américas, Puebla. El éxito de niñas como Dafne y Delanie depende, en gran medida, de las metas y objetivos que sus padres trazaron, una vez que identificaron su talento. Sobre todo, también de un trabajo constante que requiere atención, cuidado y educación especial. Por esto, también es necesario que nuestro país pueda contar con mejor infraestructura educativa que permita detectar, canalizar y acompañar a los niños prodigio mexicanos. Los modelos educativos deben contemplar esquemas de seguimiento especiales para ellos. Una niña superdotada puede estar desperdiciando su inteligencia por falta de recursos, de planes de desarrollo y de posibilidades de continuar potenciando su inteligencia, su talento, su fuerza y su valor.

Y, sobre todo, las niñas y niños mexicanos necesitan instituciones que crean en ellos y en que todos son niños superdotados, que pueden hacer mucho por su país. Si empezamos a ver un prodigio en todos los niños, entonces también podemos empezar a vislumbrar un futuro prometedor para México.

mariela.soro@gmail.com