Mujeres con propósito

A todos nos conviene la inclusión laboral de la mujer en México

Si eres una persona en edad laboral en México, es posible que te hayas encontrado con condiciones de trabajo muy por debajo de tus expectativas. En principio, es difícil encontrar empleo, pero es aún más complicado ser contratado en uno que cumpla con tus expectativas económicas, que sea de tu perfil académico y, sería casi un milagro, encontrar el "trabajo de tus sueños": aquel que verdaderamente quieres. La competencia en el mercado laboral es difícil para cualquiera, pero más si eres mujer.

Ya he escrito en varias entregas cómo la mujer, de entrada, gana un 30 por ciento menos que un hombre. El "techo de cristal" no es exclusivo de los consejos de administración, de los puestos directivos o de la alta especialidad: es un fenómeno que afecta en todos los niveles jerárquicos de las organizaciones. En principio, las entrevistas o solicitudes de trabajo siguen siendo discriminatorias hacia la mujer. A ningún hombre le preguntan si "piensa tener familia en los próximos meses", a ningún hombre le hacen una prueba de embarazo en los exámenes médicos para ingresar al trabajo.

De entrada, el proceso para que la mujer se inserte en el mercado laboral está lleno de obstáculos que se limitan al género. Porque, seamos honestos, si la pregunta "¿planeas tener familia en el próximo año?" se planteara también a los hombres, una respuesta afirmativa sería indicativo de un alto compromiso al trabajo, porque el hombre "provee" a la familia, de acuerdo a los roles tradicionales. Entonces, un hombre que planea tener familia pronto es un hombre que se comprometerá en el trabajo; mientras que si una mujer planea tener familia en el próximo año, significan gastos, licencias de maternidad y falta de compromiso.

Esto desanima la participación de las mujeres en el mercado laboral, o las orilla a replantearse los planes de vida que se han propuesto. De acuerdo a un artículo publicado esta semana por David Kaplan, del think tank México Cómo Vamos, la participación de las mujeres en edad laboral está muy por debajo de la de los hombres en el mismo segmento. La tasa de empleo de hombres entre 15 y 64 años en México es del 78.6 por ciento; mientras que la tasa de empleo de mujeres en el mismo segmento de edad en nuestro país es de apenas 45.1 por ciento. Más de la mitad de las mujeres que pudieran ser económicamente activas no tienen un empleo. ¿Qué están haciendo entonces?

La misma OCDE ha explicado que las mujeres, dadas las desiguales condiciones de trabajo a las que se enfrentan en la mayoría de los países miembros, están subempleadas o no están trabajando. Esto no solo es un problema de inequidad; sino también es un riesgo económico para nuestro país, pues si la tasa de empleo de las mujeres se elevara tan solo 5 por ciento más, se elevaría el Producto Interno Bruto (PIB) en más de mil millones de pesos anuales. ¿Se imaginan lo que nuestro país podría hacer con este ingreso adicional?.

Por eso es importante conocer qué está detrás de esta brecha: sí, el rezago laboral es importante, siempre y cuando se consideren las razones de fondo. La cultura mexicana, en la que la mujer es-primero madre, después esposa y al final ciudadana- puede ser un factor. Es decir, que no están buscando empleo porque están cumpliendo otro rol dentro de nuestra sociedad. Otro es que están en ocupaciones que no están formalmente registradas en los indicadores de la OCDE o del IMSS; o sea, se dedican a trabajos informales, debajo del radar y debajo de la posibilidad de poder formalizar su desarrollo personal, profesional y en beneficio del país.

Entonces, por supuesto que la agenda de la mujer en el trabajo es un tema importante a considerar: ¿cómo podemos generar y fortalecer a las mujeres para que puedan ser generadoras de progreso y de desarrollo social para México? Es un reto grande, pero debemos tomarlo: por el bien de ellas, del género y del bienestar de México.

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