Re-Incidente

La formación al mundo laboral

Para los directivos de empresas de punta como las de informática, actualmente uno de los aspectos más importantes que consideran a la hora de nuevas contrataciones, entre otros, es el siguiente: ¿Qué tanto se puede conocer de los candidatos a través de ellos mismos?

Uno de los asuntos que ha cobrado relevancia es la valoración de lo que el novel prospecto se conoce a sí mismo: entre más autocrítico más valioso.

Esto implica subrayar sus puntos fuertes tanto como sus debilidades, así cómo lo observan los demás en su desempeño. Esto último no tiene nada que ver con el “qué dirán” ni que tan bien lo “etiquetan” en el actual Cyber-refugio de la baja autoestima, mejor conocido como “Facebook”.

¿Por qué interesa tanto esto para una organización que vive de los ingresos que capta y se enfrenta día a día a la competencia en la lógica de los artrópodos?

Esto es, de la ley de “me lo puedo comer o él me podrá devorar primero”. Pues simplemente porque, si no atiende esto, desaparece del mapa sin más.

Las universidades deben asomarse más a la sociedad a la que se deben. Y es que durante su desempeño profesional, en cada momento, el profesionista egresado de sus aulas se cuestionará: ¿cómo resuelvo esta cuestión?; ¿qué opciones tengo? Por lo tanto, interesa conocer previamente cómo funcionará, qué tanto se supone que pone en práctica su inteligencia emocional.

En la trayectoria profesional, es necesario realizar cada paso con reflexión, cualidad que no todos los profesionales reúnen en un país como México donde vale más el ser pariente, “recomendado” o leal.

En el caso de la BUAP para ser precisos, solo se pone un atenuado énfasis en el perfil de muchos académicos. Tratándose de directivos y cargos administrativos, conocemos muchos casos en los que es evidente que no cubren ni siquiera este requerimiento tan importante para cualquier institución u organización.

Existen estas prácticas desde la época en que un ex rector que no terminó su periodo dejó exhausta y frágil a la Universidad, a merced de la más caduca y, por qué no decirlo, retrógrada cultura política, que dio paso a “emisarios del pasado” más que a alguna “tecnocracia” o “meritocracia” con visión de futuro.

Para prever el desempeño de quienes tienen la responsabilidad de formar nuevos cuadros, son tres las cuestiones que tendrían que tomarse en cuenta, tanto en nuevos académicos como en los futuros directivos:

¿Cuál ha sido tu experiencia exitosa o la que consideras más valiosa en los últimos seis meses y por qué? En este sentido, no interesa que digan las funciones, lo que hicieron, sino cuál fue la mayor lección y por qué resultó de ella un aprendizaje relevante.

El estar en la capacidad de señalar una experiencia difícil, cómo la enfrentó y qué le dejó, hace posible percatarse del nivel de acuciosidad de la persona, aspecto valorado en las organizaciones porque para responder hay que reflexionar.

Aprendizaje versus experiencia. Un profesionista debe demostrar una capacidad de aprendizaje permanente. Si la inquietud por mantenerse al día y por aprender por sí mismo a partir de las opciones de su entorno y que trabaja no solo en base a “competencias adquiridas”, es un elemento valioso. Si cuenta con experiencia, habilidades, disposición para el trabajo, es de tomarse en cuenta, pero actualmente interesa mucho más prever qué tanto se puede adaptar a diferentes contextos y qué tanto tiende a ver hacia delante.

Saber moverse en un mundo cada vez más digital. Los miembros de una estructura institucional tienen que estar familiarizados verdaderamente con el uso de las tecnologías de la información. Si bien es cierto que hay posiciones donde no se requiere el perfil de un ingeniero en informática, es importante saber con qué herramientas de la sociedad digital se puede operar mejor en el escenario en que tiene que moverse.

Los “Machos Alfa”, el “líder fulgurante”, no cuentan. Para una institución es importante demostrar capacidad y disponibilidad para trabajar en equipo, capacidad para vincularse. Si la gente se mueve en lo individual no va a propiciar un funcionamiento óptimo para la organización o institución; no habrá la posibilidad de resolver las problemáticas si no hay, como integrante, habilidad para relacionarse.

Una vez más la inteligencia emocional es importante. ¿Y tú, cómo aprendes? Es una cuestión con la cual el prospecto que se come el mundo a puños puede desplomarse precipitadamente. La vida institucional requiere de cierto (por no decir alto) nivel de disciplina y en ella está la capacidad para ir generando nuevo conocimiento, por sí y en interacción con otros.

Como institución, en la UAP tenemos nuevos retos cada día. Eso tiene que estar presente permanentemente al momento de buscar talento más que “leales” y “fieles” pero incompetentes.