Articulista Invitada

Zonas Económicas Especiales: volviendo la cara al sur

Esta propuesta plantea una verdadera política de Estado, ya que requiere de una prospectiva integral de desarrollo para las próximas décadas cuyo principal objetivo es enfrentar y revertir uno de nuestros más grandes desafíos: la terrible desigualdad.

Superar los contrastes entre el norte y el sur es uno de los desafíos más importantes a los que varios países se han enfrentado históricamente. Por ejemplo en España; mientras que en el País Vasco la tasa de desempleo es de 16 por ciento, en Andalucía alcanza 31 por ciento, casi el doble.

De hecho, los catalanes tienen un dicho famoso: "Abajo del río Ebro (ubicado en el límite sur de Cataluña) el resto es África". Los estudios sociológicos que han buscado una respuesta ante tal fenómeno han referido a la herencia colonial de los países, a sus diferencias culturales o, incluso otros autores, Montesquieu entre los primeros, han aludido a cuestiones geográficas como el clima, por lo general más cálido en las regiones del sur que "afecta" en la productividad.

La iniciativa de Zonas Económicas Especiales del presidente Enrique Peña Nieto nos dice que no hay razón suficiente para justificar las diferencias de oportunidades entre el norte y el sur, y mucho menos para seguirlas perpetuando con resignación. La iniciativa acierta en el diagnóstico y se muestra innovadora en la propuesta, sobre todo trascendente.

En el mundo existen más de 3 mil 500 Zonas Económicas Especiales. China alberga las zonas más exitosas del mundo, la primera surge en Shannon en 1959, sin embargo es hasta 1979, tres años después de la muerte de Mao, que se da el boom en aquel país, convirtiéndose en un modelo para otras economías emergentes.

El anverso de la moneda es el caso de África, donde varios países han tratado de adoptar el modelo de las ZEE sin obtener resultados positivos. En Latinoamérica, la Zona Franca de Manaos en Brasil presentó un incremento de 200 por ciento en su facturación en cinco años. Ejemplos hay muchos y del análisis de las diversas experiencias se confeccionó el traje a la medida para México.

El motivo del establecimiento de una ZEE responde a la necesidad de generar desarrollo económico y social en áreas definidas como estratégicas debido a su potencial en recursos y geografía. Para ello se crea un marco legal especial que permita establecer bases para garantizar estado de derecho y al mismo tiempo regule los procesos administrativos, sociales y económicos tendientes a impulsar el desarrollo de infraestructura, promover el ordenamiento territorial y urbano, garantizar servicios públicos de calidad y prever incentivos fiscales, entre otros, que en conjunto favorezcan un clima amigable para los negocios que permitan atraer inversión nacional y extranjera y, por ende, se potencie la vocación productiva de la región.

Sin embargo, más allá de lo antes dicho, esta propuesta en realidad plantea una verdadera política de Estado, ya que requiere de una prospectiva integral de desarrollo para las próximas décadas, cuyo principal objetivo es enfrentar y revertir uno de nuestros más grandes desafíos: la terrible e injusta desigualdad.

¿A qué desigualdad me refiero? A la desigualdad regional que trastoca el modo de vivir de sus habitantes. De acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano 2015 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde se miden aspectos fundamentales de la calidad de vida de los habitantes, como educación, ingreso y salud, los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas ocupan los últimos lugares en la medición.

El PNUD equipara el nivel de desarrollo de Oaxaca con el de Botswana, el de Guerrero con Egipto y el de Chiapas con Bolivia, mientras que Nuevo León vendría siendo Uruguay, el Distrito Federal sería Andorra y, finalmente, Querétaro se equipara con Costa Rica.

En un tema tan primordial como la educación, vemos contrastes importantes; por ejemplo, en Oaxaca apenas se alcanzan los 6.9 años de escolaridad, es decir que no alcanzamos a llegar a la secundaria; en Guerrero 7.3 años y en Chiapas 6.7, mientras que en otras regiones el panorama es diferente.

En Nuevo León el promedio de escolaridad es de 9.8 años y en el Distrito Federal de 10.5, es decir, casi llegarían a segundo de preparatoria. Además, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta que la cantidad de personas analfabetas es mayor en Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

La paradoja en todo esto es que, a pesar de la gran riqueza de nuestra tierra del sur, generosa en recursos, estratégica en ubicación y poderosa en su gente y en sus raíces ancestrales, tenga tan bajo nivel desarrollo. El potencial agropecuario, energético, turístico e industrial está ahí, ha estado siempre; sin embargo, algo ha faltado.

Pero veamos lo que se plantea. La Zona Económica Especial en Puerto Chiapas brindará un impulso definitivo al desarrollo económico sustentable de la zona del Soconusco. Puerto Madero, inaugurado en 1975 con terminales de carga, contenedores y pesqueros, que en 2006 sería rebautizado como Puerto Chiapas, posee una ubicación estratégica debido a su conectividad con los mercados latinoamericanos y del Pacífico. El proyecto del agroparque que se plantea cerca del puerto representa una gran apuesta no solo por el campo, sino por dar mayor valor agregado a través de la transformación de productos locales. Dada la fuerte presencia de actividades agrícolas en nuestro país, la apuesta por la agroindustria debería replicarse en toda la región sur y ser un elemento presente en torno a las Zonas Económicas Especiales. Además se busca potencializar la vocación turística del estado, particularmente como destino de playa.

Por su parte, con la zona del Puerto Lázaro Cárdenas se espera catapultar la competitividad de la región, que es parte de un corredor compartido entre México, Estados Unidos y Canadá. Esta zona es la que cuenta con mayor avance en cuanto a conectividad, ya que con el Plan Nuevo Michoacán, echado a andar hace un año, se comenzaron proyectos en materia ferroviaria, aeroportuaria y carretera, con el objetivo de que compita con el Puerto de Long Beach, California, por donde entra, con destino a México, casi 70 por ciento de la mercancía proveniente de Asia. Sin embargo, está claro que aquí el gran reto será reforzar la estrategia de seguridad que dé certidumbre y favorezca el ambiente de negocios.

De las tres ZEE, en Oaxaca el Corredor Interocéanico del Istmo de Tehuantepec es el proyecto estratégico que ha sido vislumbrado desde hace más de un siglo. El presidente Benito Juárez comprendió el potencial comercial de los puertos de Salina Cruz y de Coatzacoalcos, por ello ordenó construir el Ferrocarril Transístmico, así como su equipamiento portuario.

Dicho proyecto fue inaugurado hasta 1907 por el presidente Porfirio Díaz; sin embargo, se vio opacado por la apertura del Canal de Panamá y en 1924 el Puerto de Salina Cruz tuvo que cerrar. Hasta 1979 la zona vuelve a cobrar importancia, esta vez con un gran proyecto energético: la apertura de la Refinería Antonio Dovalí en Salina Cruz.

Años más tarde, en 1994, con el establecimiento del Parque Eólico La Venta en Juchitán, el istmo se convierte en promesa como potencia generadora de energías renovables a escala mundial; esta tendencia continúa a la alza, de hecho, para 2016 serán 23 parques eólicos funcionando. En definitiva es una de las franjas generadoras de energía eólica más importantes del continente, productora de 90 por ciento de la energía eólica de todo México.

La ZEE del istmo de Tehuantepec que impactaría también varios municipios del vecino Veracruz es una respuesta consistente ante los desafíos macroeconómicos globales, devolviendo la atención al mercado Asia-Pacífico, donde se genera 57 por ciento del PIB mundial y 49 por ciento del comercio global. Ni más ni menos. Con el Corredor Interocéanico se pretende agilizar el paso de mercancías de Asia a las costas este y del golfo de Estados Unidos y hacia el Caribe.

Veamos la magnitud. En su primera fase se contempla la ampliación, equipamiento y mejora de los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz, la renovación de la carretera Coatzacoalcos-Salina Cruz, así como la modernización del Aeropuerto de Ciudad Ixtepec.

Asimismo, Pemex construiría dos ductos adicionales de Pajaritos a Salina Cruz, uno para gas natural y otro para gas propano, además de modernizar la Refinería Antonio Dovalí. A esto se suma la autopista Mitla-entronque Tehuantepec y la central eoloeléctrica La Venta II, por mencionar algunos. Estamos hablando de una inversión proyectada en más de 24 mil millones de pesos.

Pero entonces, ¿en qué reside lo "especial" de las zonas económicas propuestas por el presidente Peña? Personalmente lo resumiría en dos puntos definitivos, que quizá sean ese algo que antes faltó: visión integral y voluntad política. La visión ya estaba allí, pero faltaba articularla en una política de Estado, con la mirada bien puesta en nuestras metas nacionales, principalmente en ese México próspero e incluyente y de oportunidades que nos conduzca a la paz.

Una vez aprobado por el Congreso de la Unión el marco legal general en materia de zonas económicas, vendría el decreto del Ejecutivo con el que se crean las zonas económicas en particular (las tres antes referidas) para pasar, posteriormente, a un intenso trabajo de colaboración y articulación de esfuerzos, buscando adecuar la iniciativa lo más posible a la realidad de las regiones más rezagadas del país. Se habrá de analizar y poner mucha atención en el diseño e implementación de cada línea estratégica.

Sabemos que un megaproyecto de gran envergadura plantea retos significativos en su implementación, para lo cual será fundamental la construcción de alianzas estratégicas con actores y grupos sociales y empresariales, a quienes deberá mover el objetivo común de hacer posible el desarrollo económico y social en beneficio de la región entera bajo un enfoque de sustentabilidad ambiental y de respeto a la multiculturalidad de estas regiones, particularmente de Oaxaca y Chiapas.

También deberán identificarse las posibles resistencias provenientes de grupos de interés para buscar acercamientos oportunos que, a través del diálogo y el consenso, nos permitan reducir y evitar tensiones.

Y claro, resulta fundamental la realización de una gran campaña de socialización que informe, clarifique y promueva cada una de las zonas por etapas. Sin duda, el respaldo social hará la diferencia en la efectividad de la implementación, y en este sentido diría que el éxito se encontrará si se dan tres condiciones fundamentales.

Primero será imprescindible diseñar un marco legal integral que sea la base sobre la cual se edificarán todas las acciones del Estado y las privadas tendientes a ejecutar el proyecto y al mismo tiempo lo libere de retrasos burocráticos e incertidumbre legal que impidan su concreción.

En segundo lugar será necesario que se prevean desde el principio los recursos necesarios para cumplir con todas las etapas del proyecto, y en tercer lugar, que exista el liderazgo necesario que permita articular todos los esfuerzos a que me he referido para llevar a esos buenos puertos estos proyectos.

Con este proyecto pareciera que finalmente estamos volviendo la cara al sur y en posibilidades de reivindicar sus ancestrales demandas. Esta iniciativa puede significar el mayor impulso de justicia social que se haya dado en décadas, lo que me recuerda las palabras del maestro Mario Benedetti:

... El norte es el que ordena

pero aquí abajo

cerca de las raíces

es donde la memoria

ningún recuerdo omite

y hay quienes se desmueren

y hay quienes se desviven

y así entre todos logran

lo que era un imposible

que todo el mundo sepa

que el sur también existe.