Cartel de espejos

¿Cómo era la vida urbana y la gastronomía en Torreón según Tulita ?

Cuando fui coordinadora de investigación en Papeles de Familia de UIA Laguna, se tradujo un libro que consideré era esencial para entender los procesos culturales de nuestra ciudad. Tulitas Wulff era hija de Federico Wulff y en sus crónicas hacía una descripción de la vida cotidiana de aquel Torreón en donde ella vivió junto con sus hermanos y padres. A través de su palabra podemos imaginar como era la vida en la famosa “Casa del Cerro”, en donde vivía la familia Wulff, perteneciente a una  clase alta, pero también podemos imaginar como era la vida de otras clases sociales por sus descripciones. (Tulitas de Torreón Recuerdos de mi vida en México por Tulitas Wulff Jamieson como fue contado a Evelyn Jamieson Payne. Torreón, Coah., 2001, Presidencia Municipal de Torreón, Instituto Municipal de Documentación y Centro Histórico Eduardo Guerra, Universidad Iberoamericana Laguna).   


Así habla ella: De las costumbres culinarias “Cuando ya nos habían apaciguado, nos lavaban las manos y la cara en las bandejas de nuestros cuartos y desfilábamos hacia el comedor para comer. La comida era prolongada y extraña. Empezaba por la sopa, que venía en una sopera y seguíamos con media docena de platillos, el penúltimo eran los frijoles mexicanos que habían sido cocidos, hechos puré y fritos. Esto era una costumbre no sólo en nuestra casa sino también en todas las demás. El postre era especial consistía de cajeta de membrillo. Toda clase de frutas se preparaban en cajetas que eran pequeñas barras firmes de pasta y se servían en rebanadas delgadas. Otros postres eran el flan (simple natilla horneada), y de vez en cuando un sorbete. Había una clase de cajeta que nos encantaba, la cajeta de Celaya, jamoncillo o simplemente, la leche quemada. La leche y el azúcar se cocinan juntos durante mucho tiempo, hasta que la mezcla espese y se haga pegajosa… y deliciosa”.


Sobre la vida cotidiana “Nuestro mozo envuelto en un sarape siempre se dormía junto a la puerta, para darle entrada a aquellos que llegaban tarde. Se levantaba a las 4.30 de la mañana, [……] ordeñaba las vacas, alimentaba a los pollos, recogía los huevos, tallaba los pisos, traía leños para las estufas, vaciaba las cenizas e iba a innumerables mandados. Era enviado por el Doctor. Entregaba mensajes sociales y de otros alrededor de las ciudades, iba por hielo y media docena de veces al día al mercado.”


De las tradiciones “El período social más prolongado del año comenzaba justo antes de la navidad cuando se iniciaban las posadas. Entre las clases bajas éste era un asunto religioso que se celebraba todas las noches durante nueve días y en ellas, una procesión personificaba a María y a José pidiendo posada de casa en casa, siendo rechazados hasta casi el final. Para la clase alta se había convertido en una serie de bailes, eventos muy elaborados en donde varias familias eran anfitrionas para la celebración de cada una. En la novena y última noche los solteros de la ciudad eran los anfitriones, era un período muy extenuante pero increíblemente divertido.  


Los diarios, memorias y crónicas nos muestran con “otros ojos”  lo vida de una ciudad, y nos sirve para hacer comparativos entre los diferentes autores y con la historia oficial. El rescate de estos documentos nos enriquece como ciudad, ya que nos ayudan a comprender la vida cotidiana de nuestro terruño. 


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