Cartel de espejos

De tradiciones culinarias en la Laguna

El almanaque de nuestra Iglesia católica  ha regido las costumbres y la cocina lagunera desde siempre. Las devociones de los feligreses  se ven reflejadas  en las diferentes celebraciones como: Cuaresma,  la Reliquia  y la Navidad.

La cuaresma; los cuarenta días previos a la Semana Mayor eran tiempos de ayuno, penitencia y sacrificio. Se respetaban las reglas que le Iglesia imponía. No comer carne los viernes y recordar el ayuno de Jesucristo en el desierto antes de que fuera crucificado.

En la región lagunera lo que se cocinaba en ese tiempo  era sencillo y delicioso: lentejas, habas, Choales, se comían las sardinas llamadas “portola” y si el bolsillo lo permitía pescado. Otros de los platillos importantes eran   las tortitas de camarón seco y las de papas,  los chiles rellenos con su arroz y de  postre: las torrejas con miel de maguey y la famosa capirotada.

La Reliquia es una tradición; según dice el historiador Francisco Durán Martínez “exclusiva del norte del país, y en donde  la devoción al Santo es la reliquia que se ofrece que puede ser a La Virgen de Guadalupe, a San José y a San Judas Tadeo.” (“Recuerdos y sabores de la Comarca Lagunera”. María Isabel Saldaña, Francisco Durán,  México, 2014, Soriana, Cimaco, Secretaría Cultura de Coahuila). 

El 28 de octubre se lleva a cabo la fiesta dedicada a  San  Judas Tadeo  y  desde principios del mes de diciembre empiezan las peregrinaciones  a la Virgen de Guadalupe y su famosa “Reliquia”.

En la “Reliquia” se confeccionan 7 sopas de pasta  y una arroz, asado con chile colorado y tortillas;  a los asistentes se les da  de comer  de todos los platillos. El evento se lleva a cabo en casas y colonias,  principalmente de la periferia y se ofrece comida para todo el que pase y pida. 

La historia oral nos dice que esta tradición viene de Zacatecas con los inmigrantes que llegaron a la Laguna y que trajeron sus costumbres y cultura, además de sus  dulces de nuez, almendra y piñón,  las cocadas y cajetas de leche quemada.

Las señoritas Díaz de León originarias de ese Estado fueron una institución en esa materia dejando  su huella impregnada en el azúcar, vainilla y leche que fueron la base para los dulces  laguneros. 


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