Cartel de espejos

De fundamentalismos y otras pasiones

La vieja Europa fue en un tiempo fundamentalista, recordemos las cruzadas, la inquisición, la muerte de tantos protestantes a manos de los “buenos católicos” pertenecientes a la omnipresente y poderosa Iglesia romana.  Francia fue una de las hijas predilectas de Europa que dejó su adolescencia al entrar al Siglo de las Luces, un precedente para la Revolución francesa. A finales del siglo XVIII la razón era el medio para llegar a la verdad combatiendo la ignorancia, superstición y la tiranía.  Con Descartes “la duda metódica” circuló entre las elites intelectuales del mundo. Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad fueron la bandera que enarboló la Revolución francesa, mismas que empezaron a difundirse por el mundo propiciando la independencia de América.  Otro de los representantes de este movimiento fue Voltaire (1694 -1778) fue uno de los principales representantes de la Ilustración, que defendió la tolerancia religiosa y la libertad ideológica, acusando al Cristianismo de ser la raíz de todo fanatismo dogmático. Decía que   “la ignorancia afirma o niega rotundamente y  la ciencia duda.” “La incertidumbre es una posición incómoda. Pero la certeza es una posición absurda.” “Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.”


En el siglo XXI  el  posmodernismo privilegia la ambigüedad y el relativismo; no existe una certeza absoluta,  ya que valora el pluralismo y la diversidad.  


Una gran mayoría de hombres y mujeres necesitan que les digan que hay sólo una verdad única, y requieren la certeza de que existe “algo” después de la vida, (es mas fácil creer que pensar),  no se pregunta y se acepta lo que diga el líder.   El ser humano esta solo como siempre lo ha estado, pero   ante esa soledad algunos  hombres y mujeres son atrapados en esos fanatismos terribles.  


El fanatismo de algunos grupos, porque no podemos generalizar que son todos lo que pertenecen a una religión o raza ha dañado a la sociedad en general y a sus mismas Iglesias por tomar posiciones extremas como el terrorismo.   Grupos de musulmanes, de católicos, cristianos, o de judíos, todos ellos ortodoxos enarbolan banderas de mi “verdad es la única y mi Dios el verdadero”.  Y en ese fanatismo es la exclusión del “otro” del que no es como yo,  que no piensa y creé como yo.   Hoy otro tipo de intolerancia hacia el que no es de mi raza y el que no es de mi genero, así se da  el racismo y  las agresiones hacia los gays,  negros,  judíos,  chicanos, o árabes y  la discriminación hacia la mujer o a cualquier otra minoría  que sea diferente a mi.    En Europa y Estados Unidos están creciendo  los partidos de derecha extrema como los  neonazis en Alemania o los skinhead en Inglaterra, el partido de Le Pen en Francia en donde su bandera es la supremacía blanca.


El crimen perpetuado hacia la revista Charlie Hebdo debido a que ejercieron su derecho de libertad de expresión jamás debería de haber pasado, como tampoco los asesinatos a homosexuales o miembros de cualquier minoría, o la destrucción de sinagogas o mezquitas.


La única posibilidad que tiene el ser humano para salir de este marasmo es la cultura y la educación en donde la razón prevalezca. En este mundo somos muchos y somos diferentes;  todos tenemos los mismos derechos, obviamente debemos  luchar por un mundo equitativo y justo con oportunidades para todos donde se respeten los derechos civiles, la libertad de expresión y el respeto a las diferentes razas, credo o genero.

Tenemos que empezar a tender puentes entre Occidente y Medio Oriente, una lucha que se generó desde hace más de 2,000 años,  hoy en el Siglo XXI debe terminar como también debe terminar las tiranías, la ignorancia y la superstición.


mary_saldana2002@yahoo.com.mx