Cartel de espejos

El adiós final

In memoriam de Carmen Vilardell Tadeo


La partida de un ser querido nos invita a reflexionar sobre nuestra vida y de lo que muy pronto nos espera.  El día de hoy al abrir las páginas de Milenio Laguna encuentro una noticia que me impacta:  la  esquela de mi   querida amiga  Carmen Vilardell, mi compañera de primaria con la que compartimos mis hermanas y yo muchos momentos felicies en el Colegio La Paz del Verbo Encarnado.  

Me envía una  imagen  mi amiga Pascale Castro del  grupo de ese colegio.  Las compañeras  estamos compartiendo probablemente una fiesta.  Los  padres  de mi amiga Carmen eran catalanes; en su casa probamos las delicias  de esa tierra elaboradas por la “Yaya” la abuela querida.  Su madre Angelita muy guapa y dulce era de esas mujeres que son como una roca fuerte, pilar de la casa.   

Cesar Vallejo en su poema “Los Heraldos Negros”  escribe:  Hay golpes en la vida tan fuertes, ¡Yo no se¡ Son pocos; pero son…….   

Angelita recibiría  esos golpes de los “Heraldos Negros”  con la muerte de su único hijo varón y la enfermedad de Carmen,  pero  lidió  con fe y esperanza; su religión la ayudó a seguir adelante y sería la roca de  sus nietos.  

Mi amiga Carmen lidió durante 30 años con  esclerosis  múltiple, tuvo suerte: un buen marido y una buena madre.  Nuestros caminos se separaron cuando ella se fue a  estudiar  a Barcelona y yo a Monterrey y después a Inglaterra.  Los azares del destino hicieron que nuestros hijos fueran compañeros en la Ibero; y juntos con otros amigos  se fueran a trabajar a Italia y a viajar por Europa. 

Algunas veces conversábamos por Skipe, hablábamos de cosas superficiales, no queríamos o yo no quería entrar a otro nivel de profundidad,  sentía dolor por mi amiga, por la injustica  que hablaba Vallejo en los “Heraldos Negros” de Vallejo , pero también recibía al mismo tiempo el  testimonio de amor de  doña Angelita,  que era un regalo para la humanidad de aceptación de fe y de esperanza en la vida. 


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