Cartel de espejos

Recuerdos y sabores de la Comarca Lagunera (2)

La mejor salsa del mundo es el hambre;
y como ésta no falta a los pobres,
siempre comen con gusto.
El Quijote Parte II, cap. 5


Nuestro territorio Coahuilense, estuvo poblado por diferentes tribus nómadas: tobosos, coahuiltecos, rayados y huachichiles,  entre otros. Estas tribus vivían en cuevas durante el invierno y en chozas de zacate, carrizo o ramas durante el verano. Se alimentaban de la caza, la pesca y la recolección de frutos ya que eran tribus seminómadas.
Uno de sus alimentos era el  mezquite molido, con ese polvo hacían unas bolas que se llamaban mezquitamal y constituían una reserva para cuando se ofrecía emprender una jornada larga o se dificultaba conseguir alimentos. El clima extremoso no ayudaba a que se dieran los frutos sin el cuidado de la mano del hombre como en el centro y sur del país, la vida en el noreste era difícil.
Para  finales del siglo XVI, llegaron al norte lejano con su misión evangelizadora los franciscanos que fundaron Cuencamé y los jesuitas, que se establecieron en Parras, San Pedro, San Juan de Casta y Mapimí en la periferia de lo que ahora es la región lagunera. En 1598 el padre Juan Agustín Espinosa, misionero de la Compañía de Jesús y el capitán Anton Martín Zapata, junto con 40 familias de origen español arribaron a las riberas del Río Nazas, donde fundaron Santa Maria de las Parras.  Anteriormente en 1567 Pedro de Espinareda había explorado la región y Martín López de Ibarra teniente gobernador de la Nueva Vizcaya repartió varias mercedes, pero esa fundación no prospero.
Con la  llegada de los colonizadores y evangelizadores españoles y ya en marcha el asentamiento, los nuevos habitantes trajeron consigo nuevos cultivos, como el trigo y cebada, arboles frutales, nogales, la vid  entre otros,  al igual que   nuevos métodos de producción.  
La cría de ganado se introdujo en estas tierras.   Los caballos y las reses se adaptaron con facilidad a los pastizales  del norte, la rápida multiplicación del ganado fue un fenómeno sorprendente en el nuevo mundo. En la cría de ovinos, caprinos  y porcinos  se aprovechaba todo,  la carne para la alimentación, la lana para los textiles, y las pieles para diferentes productos.  Los pobladores españoles y los evangelizadores se dedicaron al cultivo de cereales, granos, vid y árboles frutales. Sus  estancias  eran polos de colonización y producción que evolucionaron a haciendas de explotación agropecuaria y ganadera siendo  la base económica para el surgimiento de la comarca durante el siglo XVII.  Cereales, ganado, vino, conservas y otros productos de la región  abastecían  los enclaves mineros. Fue difícil para los colonizadores españoles dominar estas tribus “chichimecas”, por años tuvieron que luchar para pacificarlos y muchas veces  exterminarlos;  la presencia tlaxcalteca llegó al noreste para apoyar a los españoles primero a San Esteban de la Nueva Tlaxcala, pueblo indio fundado junto a Saltillo, más tarde su presencia  se  expandió hacia el poniente, norte y oriente, formando  o ayudando a hacerlo al menos 14 colonias más, entre ellas Parras. Los tlaxcaltecas tuvieron éxito al contribuir a la pacificación de estas tribus nómadas y a enseñarles la agricultura y oficios en los que eran expertos. Se iniciaba así el primer mestizaje culinario en estas tierras laguneras.



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