Cartel de espejos

Recuerdos y sabores de la Comarca Lagunera De la influencia del Medio Oriente (1)

Los inmigrantes de medio Oriente: Líbano, Palestina y Siria empezaron a llegar la a Comarca Lagunera desde finales del siglo XIX,  en esta tierra semidesértica  se sintieron como en su casa. Familias como  Marcos, Murra, Fayad, Núñez, Jalife, Darwich, Issa, Zarzar, Batarse y muchas otras hicieron su vida en estos lares donde encontraron productos similares a los de medio oriente como: trigo, vides, higueras, olivos, carneros, aceitunas, dátiles, nueces.    Al principio la adaptación fue difícil ya que ellos  hablaban otro idioma, pero  poco a poco se fueron  integrando, aprendieron español e hicieron de la Laguna su tierra.  El comercio herencia de sus antepasados era su fuerte,  y lo manejaron a la perfección, el pago en abonos fue su invención.    La familia de la señora Suheila Jalil de Núñez llega a Torreón en los veinte. Ella me platicó que en su casa usaban el  zathr para el pan y jocoque   y siete especies  para la comida,  tomaban el café turco,  al medio día el kipe charola,  ensaladas, sopas, también “yagne” (guisados con  ejotes o frijol blanco, papas y carnero).  El trigo se compraba entero,  lo cocían en un baño y después se secaba al sol  en la azotea, para  una vez seco molerlo  de diferente grosor: el delgadito para el Kipe, y el grueso para ensaladas o sopas.    Humberto Fayad comenta que cada temporada los trabajadores de las haciendas llegaban a las casa de los “baisanos” para vender  hojas de parra fresquecitas. (La p en el alfabeto árabe no existe es por eso que los árabes pronunciaban la p como b). “si se hacen las hojas de parra con hojas  recién cortadas son más ricas, que sí son  envasadas”.    Suheila  me dice  “En postres mi mamá hacia una masa que estirábamos hasta que quedaba como un mantel delgadito y después se recortaba y entre capa y capa se le ponía mantequilla, aquí la conocemos como “Filo””. La mantequilla la compraban por kilos, no había pasteurizadora;  se ponía a hervir y quedaba un  aceite  en la parte arriba, lo recogían y se guardaba en frasco, esta mantequilla refinada les podía durar seis meses o el año y la usaban para hacer el arroz, kipe, la comida en general y por supuestos  los postres y dulces.   En esos años se comía borrego o carnero. Los carneros los traían de Guadalupe Victoria,  y al igual que las hojas de Parra; los campesinos sabían que los paisanos comían esta carne y llegaban a sus casas a venderla, un carnero se podía dividir entre varios paisanos. La preparación para ejecutar al borrego era siguiendo el rito musulmán: Al borrego lo dejan sin comer dos días para que se limpiara, se rezaba la oración correspondiente y posteriormente le cortaban la yugular, y  al animal lo colgaban de las patas de atrás y con la cabeza levantada e iba escurriendo  la sangre,  ya que de esa manera   la carne es más pura.    La aceitunas negras y verdes  igualmente se las llevaban a vender.  En casa de Suheila  “nos poníamos en el patio, machacábamos  tantito a las aceitunas, se les hace una cortadita: la negra se dejaba por tres días en sal de mar y la verde la ponían en agua con sal,  posteriormente se lavaban muchas veces y se ponían con aceite y hierbas. El jocoque lo hacían con leche bronca,  y como era entera salía delicioso.  El pan se hacia en las casas, pero también había un señor Abraham que tenía un horno que se especializaba en pan árabe e iba a las casa de los paisanos  a venderlo, ya fuera de ajonjolí, sencillo,  o tostado.   En cuanto a los dulces árabes  muchos los hacían aquí, como el beklawe, greives, dedos de novia, mamul, pastel de dátil y nuez,  pero otros, los especiales se los enviaban  de la ciudad de  México,  de una tienda que se llamaba Grecia, los  dulces de ajonjolí con miel eran riquísimos.  Continuaremos.  


mary_saldana2002@yahoo.com.mx