Articulista Invitada

Los legados de Maciel

Se ha hablado mucho al respecto del hace poco circulado video de graduación de los estudiantes del Instituto Cumbres.

Lo que más se ha dicho alrededor de éste -que no es el primero de su tipo- tiene que ver con el materialismo, la prepotencia, el clasismo, la falta de sensibilidad de los alumnos -y en general de la clase a la que representan- con su entorno. Este video, como si necesitara de más elementos para resultar controversial, alude a la misoginia e incluye un animal salvaje.

El debate en general ha girado en torno a los temas anteriores, dejando de lado una cuestión que les precede y que es la educación.

Parece inevitable inferir, sobre todo en aras de que se trata de un video que tiene relación con una institución educativa, que dicha institución está fallando en su labor, de no ser así, una manifestación visual de este tipo, aunque posible, sería improbable.

La escuela ofreció una disculpa que se centra más que todo en los elementos misóginos del video. Pero la disculpa debió haber girado no en torno a una faceta -o varias en todo caso- del video, sino en torno a la existencia misma del video; tanto el de este año como el de los anteriores.

Conozco de primera mano el sistema de educación Legionario, puedo decir que me eduqué a pesar de él. Ahí conocí la reticencia en el conocimiento y la reiteración de una conjunción de ideologías: religión, clase, género. Era un sistema en el que se desdeñaba la curiosidad, se desconocía la crítica. Se veía mal la individualidad, hecho que reforzaba la validez de los comportamientos colectivos.

Esto resultaba, y sigue resultando, evidentemente, en una idiosincrasia muy particular, una en la que, entre otras cosas, no se ve como disparatado, ni por los alumnos ni por los directivos -difícil pensar que no estuvieran enterados- que se haga y se difunda un video con estas características.

Hasta cierto punto este tipo de videos se habían tardado en aflorar. Parecía el curso natural de las cosas: una manifestación de la falta de educación avalada por la desfachatez en la ostentación que permite la exposición en las redes sociales.

Intriga saber qué dice de nosotros como sociedad el hecho de que las escuelas del sistema Legionario hayan seguido en pie después de que se comprobaron los escándalos de Maciel.

Uno hubiera pensado que en ese momento habría habido un éxodo, incluso que habrían llegado a cerrar.

Es difícil pensar que este tipo de manifestaciones dejarán de existir porque se las critica desde afuera -acción que desde luego no está de más- pero sería como quererle imponer a un hijo que anda por mal camino una nueva manera de hacer las cosas: nada ni nadie lo van a hacer cambiar si el cambio no viene desde la convicción propia.

Paradójicamente, ese cambio sólo puede venir desde la crítica, ésa que se nutre de una buena educación. Así se le da cerramiento a un círculo del que -por la misma razón- ni siquiera se vislumbra que se tiene que salir.