De la paridad a las cuotas de género. El voto femenino.

Este 17 de octubre, como cada año, conmemora el derecho al voto de la mujer; sin embargo a 62 años de distancia lo que importa es la reflexión profunda en cuanto a nuestra real participación política y, encaminarnos al análisis de la importancia de la cuotas de género en la participación electoral.

Porque el objetivo de esta medida -las cuotas-, en el contexto internacional fue dar respuesta al total desequilibrio de género en los diversos órganos de toma de decisiones, con ello se ha buscado "garantizar" que las mujeres queden integradas tanto en en los organismos de decisión como instancias de poder.

Y es que tal cual lo explica el libro "La participación política de las mujeres", 2010; la paridad "no se trata únicamente de cubrir una cuota mayor de cargos políticos a favor de las mujeres, sino de reconocer y respetar, de manera efectiva y en un sentido amplio, la igualdad entre mujeres y hombres". Se trata de asumir la construcción de una nueva cultura política.

Y en este paso, durante mi ejercicio profesional que es de más de 30 años de servicio, me he percatado que las mujeres queremos participar y, de hecho lo hacemos, pero de manera callada. En muchas de las ocasiones, cuando se tiene la oportunidad de acceder a un puesto político, la mayoría de los partidos voltea y dice: no hay mujeres.

No hay mujeres que puedan participar y tener un puesto de elección popular o inclusive tener un puesto dentro del gobierno municipal, estatal o bien dentro de las filas de los partidos o de los sindicatos.

Aunque ha sido muy lentamente, también debe reconocerse que el avance ahí está; en el contexto global actual, solo 22 por ciento de las y los parlamentarios nacionales eran mujeres al 1 de enero de 2015, lo que significa que la proporción de mujeres parlamentarias ha aumentado muy lentamente desde 1995, cuando se situaba en 11.3 por ciento. En enero de 2015, 10 mujeres eran jefas de Estado y habían 14 jefas de Gobierno.

En cuanto México, actualmente existen 185 diputadas federales y 42 senadoras, lo que representa 37 y 33% respectivamente, pero –insisto-, aunque la tendencia que se lleva es irrefutable la velocidad no es la deseada. En 1997 el porcentaje oscilaba entre 14 y 13% en ambas Cámaras; hace 12 años era de 16 y 15% aproximadamente, y hace seis años 21 y 23%.

Estamos en el momento de romper el paradigma, de generar una gran transformación desde nuestra perspectiva de mujeres, y que esa sea la manera de decir que estamos participando y contribuyendo al desarrollo de nuestro país.