La oportunidad de curarse

En México se registran cada año entre 5 mil y 6 mil casos nuevos de cáncer en menores de 18 años. Lo que es más alarmante es que anualmente mueren más de 2 mil adolescentes por esta causa.

El cáncer infantil es la principal causa de muerte por enfermedad en mexicanos entre 5 y 14 años. El Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia indica también que la mayoría de los casos de cáncer infantil se trata de leucemias, linfomas y tumores del sistema nervioso central.

La detección temprana es la segunda mejor arma contra el cáncer, aunque la mejor es la prevención. El infantil puede tener muchas causas y es claro que la alimentación, la actividad física, el medio ambiente y el entorno familiar son factores que inciden y que pueden hacer más vulnerable o más resiliente a un niño.

El manual Diagnóstico temprano del cáncer en la niñez de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), tiene el objetivo de facilitar la identificación de niños con este mal por el personal del nivel primario de atención, para lograr una referencia oportuna y con posibilidad de curar a los menores.

Y especifica que la incidencia anual para todos los tumores malignos es de 12,45 por 100 mil niños menores de 15 años. Afortunadamente, en los últimos años se han registrado avances muy importantes en el tratamiento del cáncer infantil, a tal punto que en pocas especialidades los resultados terapéuticos observados durante las últimas dos décadas pueden ser comparables con los de la oncología pediátrica.

En la República existen 54 Unidades Médicas Acreditadas para atender pacientes con cáncer menores de edad. Además hay más de 50 organizaciones civiles que trabajan por la prevención del cáncer infantil, así como el acompañamiento y apoyo a pacientes y familiares. Hay mucho qué hacer, pero también hay muchas oportunidades de sinergia.

Cada niño que muere por haber llegado a un diagnóstico demasiado tarde es una pérdida incalculable para México. Y por otro lado, cada mejora en hábitos de alimentación y de actividad física, cada mejora en el medio ambiente, cada mejora en las condiciones de vida de las familias y cada peso invertido en difusión de los síntomas para una detección temprana y en campañas de prevención son pasos adelante, son vidas salvadas, son triunfos silenciosos pero absolutamente brillantes para un país que cada día, cada año se juega su futuro en la salud de sus niños.