Los cimientos están puestos

A poco más de una semana de haber sido promulgada la Reforma Energética, se insiste en el abordaje y análisis del tema, toda vez que las familias, los mexicanos tenemos muy claro lo que esperamos o queremos de ella; queremos combustibles y energía eléctrica más baratos, sin poner en riesgo el medio ambiente que heredaremos a nuestros hijos.

Recordemos que la energía eléctrica en México es, por diversas razones, un bien cuyo costo de producción es superior al de otros países. Por ejemplo, en comparación con los Estados Unidos, el precio promedio de la energía es de 25 por ciento superior.

Con el fin de no afectar la economía familiar, este alto costo de generación ha sido históricamente paliado por el gobierno federal a través de subsidios. Dichos apoyos entre 2004 y 2012 significaron un promedio de alrededor de 1 por ciento del PIB, mientras que en 2012 representaron 0.75 por ciento del mismo. Cabe señalar que dichos subsidios son 90 por ciento dirigidos a los usuarios domésticos, y el resto a los usuarios agrícolas.

Ante la reforma es natural preguntarse: ¿Es compatible la actual política de subsidios con una industria eléctrica abierta a la competencia? ¿Y cuál será el impacto de la reforma sobre estos subsidios?

Lo que se espera con la reforma es que una industria eléctrica abierta a la competencia se traduzca en una reducción de costos, la cual es la única forma sostenible de bajar las tarifas.

La reforma en el sector eléctrico generará un nuevo arreglo institucional donde, además de dar una orientación productiva a las empresas del Estado, nuevos instrumentos a los órganos reguladores y un mandato de generación de valor a CFE, se obligará a todos los participantes en la industria a buscar procesos de producción más eficientes a través de la competencia.

Lo anterior se traducirá en todas aquellas medidas que aquí se han mencionado: la sustitución de combustóleo por gas natural, la reducción de pérdidas en el sector eléctrico, y un marco regulatorio que garantice que estas potenciales fuentes de ahorro se concreten.

Las medidas mencionadas conducirán, necesariamente, a la reducción de costos, y ello permitirá de forma simultánea, la reducción de los precios al usuario final, así como del monto de los subsidios que he mencionado.

En suma, la actual política de subsidios es perfectamente compatible con el modelo industria abierta que plantea la Reforma y, como lo dijo nuestro Presidente, aprovechemos esta plataforma para seguir construyendo un nuevo México.