Violencia invisible

La violencia ha mutado en nuestros días, se ha vuelto una especie de fantasma al que incluso nos cuesta trabajo mencionar; dice Byung-Chul Han que "en la actualidad, muta de visible en invisible, de frontal en viral, de directa en mediada, de real en virtual, de física en psíquica"... Y lo que a mi realmente me parece preocupante es que todo parece indicar que la estamos admitiendo. Es algo que no podemos permitir.

Ciertamente al volverse de un carácter psíquico se interioriza, vive dentro de nosotros, ahí se aloja pero paralelamente adquiere un tono imperceptible, se invisibiliza. Y desde que nuestro gobernador, el doctor Eruviel Ávila declaró once municipios con alerta de género, hemos venido trabajando directamente con nuestra gente, platicando, sensibilizando a la población en torno al tema de la violencia de género pero primordialmente, estamos hablando de la paz.

No debemos esperar a que alguien resuelva el problema de la violencia, nosotros debemos empezar a hacerlo desde casa, desde el trato con la pareja, con los hijos. Mujeres y hombres somos más que un complemento, pero es algo que debemos aprender y aprehender.

El trabajo que estamos realizando es un acercamiento con las autoridades municipales para generar vinculación, redes de apoyo local. El objetivo, la intención, es prevenir. Estamos aportando herramientas e información para que nuestras mujeres principalmente, o cualquier persona que sufre de violencia cuente con elementos útiles para saber cómo actuar. Buscamos prevenir no tan solo advertir, mostrar cuales son las consecuencias y la manera de evitar esas consecuencias.

En la mitología griega –que bien se caracteriza por ser violenta-, existe un pasaje que habla del joven y bello Adonis, quien murió destrozado por los colmillos de un jabalí, el cual simboliza justamente la violencia que envuelve a esa cultura del impulso y sus efectos propios. En alguna parte se cuenta también que tras la muerte del semidiós, el jabalí habría dicho que no habría querido herirlo con sus colmillos, sino acariciarlo.

Es por ello que estamos hablando de valores nuevamente, de cómo poder encontrarnos nuevamente y vernos no como enemigos, sino como el pueblo solidario que siempre nos ha caracterizado. Queremos lograr la paz y, sobre todo, que identifiquemos que esto nos implica a todos y en conjunto con las autoridades.

Debemos entender que no podrá existir un cambio si no tomamos decisiones y sobre todo, que trabajemos en hacer tejido social, hacer comunidad. Hoy estamos en ese recorrido, en este quehacer porque creo que hoy necesitamos saber que existe esperanza.