Pensar, el derecho a la ciudad

Las ciudades como catalizadores de derechos humanos han asumido la tarea fundamental de proveer el bienestar esencial para los ciudadanos. La responsabilidad de garantizar el derecho a la ciudad se ha abordado sin tomar en cuenta las diferentes necesidades que cada grupo poblacional requiere, en específico se ha omitido la perspectiva de género como un elemento fundamental para las políticas públicas de las ciudades.

El punto trascendente del tema es precisamente la forma tan distinta en que hombre y mujeres viven las ciudades, así como las grandes deudas que requiere asumir el derecho a la ciudad.

Alicia Zicardi, experta de la UNAM refiere que en el espacio urbano y social es más difícil que prevalezcan situaciones generalizadas de pobreza absoluta, si por tal se entiende carencia de alimentación y servicios básicos. La ciudad es precisamente una aglomeración de población y actividades que ofrece un conjunto de bienes y servicios colectivos -educación, salud, recreación, acceso a la cultura- al conjunto de la ciudadanía, independientemente de su capacidad de apropiación en el mercado".

Las desigualdades sociales nunca habían sido tan inmensas, la brecha en los ingresos, servicios y carencias sociales cada día es más amplia, la población en situación de vulnerabilidad ha resentido la brecha social y la carencia de accesibilidad a servicios básicos como agua, luz, o movilidad.

Por ello, reconocer el derecho a la ciudad es una conquista que busca reconocer el carácter igualitario y democratizador de las ciudades, permitiendo que todos los ciudadanos puedan ser partícipes de la toma de decisiones al interior de las ciudades, generando una gestión democrática de la ciudad, donde las personas tengan formas ya sea directas o representativas de participación política en la creación, control e implementación de las políticas públicas.

Las mujeres y los hombres, ya sea por cuestiones de tradición, cultura o posibilidades, tenemos distintas formas de vivir y de desarrollarnos en las ciudades, nuestros roles son distintos y deben ser tratados de una manera diferenciada.

Tenemos que pensar el derecho a la ciudad como una una revolución urbana, que desde el centro de las ciudades salde la deuda infinita que se tiene con los grupos menos favorecidos, las personas en situación de marginación y vulnerabilidad, las niñas y mujeres, los ancianos, niños y personas con discapacidad; es momento de planear ciudades incluyentes, ciudades para todos. Un primer paso es atender a más de la mitad de las ciudadanas que las habitan, construir ciudades con perspectiva de género.