Misericordiae Vultus

De entre los mensajes, recomendaciones y hasta apocalípticas visiones que estos días circulan por redes sociales, me atrapó el relato del hombre que frente a un mostrador permanece maravillado, porque allí tenían disponibles al público, los dones de Dios.

De inmediato se aprestó a preguntar cuánto costaban, le respondieron que nada, ahí todo era gratis. Entonces pidió de inmediato el frasco más grande de amor, todos los frascos que tuvieran en existencia de perdón, esperanza, paz, salud, prosperidad.

Al terminar, el señor que atendía el establecimiento, le entregó solo un pequeño paquete que cabía en la palma de su mano. Desconcertado preguntó que dónde estaba lo que había solicitado, a lo que el hombre que atendía le dijo sonriente: aquí, los dones de Dios, no los entregamos como frutos, sólo semillas... plántelas.

Me atrapó no solo por la sencillez de la enseñanza, sino porque casualmente éste, el 2016, fue declarado por la Iglesia Católica como el año de la misericordia. Y, aunque en su momento las palabras del Papa Francisco al respecto, fueron precisas en cuanto al espíritu del Jubileo; redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios en un llamado a dar apoyo a nuestros semejantes. Ha sido un año complejo, que se ubica lejos de ese propósito.

Hacia su conclusión este año ha sido marcado por las pulsiones que tienen al mundo envuelto en el miedo, la incertidumbre y la desesperación. Las decisiones con las que se está cerrando el año, es cierto, no es el rostro de la misericordia, es más fruto de un exceso de violencia legitimada por el silencio propio; el racismo, la persistencia de las guerras y el sexismo. 2016 cierra con un broche de angustia, rabia y frustración.

Y esta mañana me preguntaba, ¿ese sobre de semillas que cabe en nuestra mano, rendirá frutos el próximo año? Al tratar de responderme, pienso en Fausto, de Johan Goeth... "Esto me impulsa al amor de la aurora de ligero vuelo, me lleva a aquella visión rápidamente percibida y apenas comprendida, que, una vez que perduró, superó el brillo de todos los tesoros. Al igual que la belleza del alma, esta noble figura se eleva, no se disipa, se eleva hasta el éter y se lleva consigo lo mejor de mí".

Por cierto. La misericordia es esa disposición que tenemos a compadecernos cuando en medio de la tribulación, la desventura y el sufrimiento ajeno, asistimos a alguien, muchas veces sin conocerle.

Que este 2017, inicie con semillas sembradas. Vendrán las flores, vendrán los frutos.