México, un terreno fértil

La semana pasada concluimos las Audiencias Públicas para las Alternativas de regulación de la Mariguana, luego de 11 mesas de trabajo donde se abordó de manera integral el estudio de las causas, consecuencias y efectos del consumo de cannabis, desde los distintos puntos de vista de científicos, salubristas, sociólogos, médicos, juristas, políticos, pero sobre todo del sentir de la sociedad civil.

Fue un gran ejercicio democrático donde se pudieron encontrar coincidencias entre los distintos actores, por supuesto concurrimos en la necesidad de brindar más opciones terapéuticas y medicinales a los pacientes, porque independientemente de la efectividad o no de los medicamentos hechos a base de canabinoides, debemos poder utilizar todas las medicinas a nuestro alcance, aunque esto no implique el uso de la mariguana fumada.

Se recalcó una y otra vez, la mariguana no es una sustancia inocua, hace daño y tiene una fuerte capacidad de intoxicación, por lo que nuestra piedra de toque es y seguirá siendo la prevención, además la mariguana no tiene efectos positivos en el desempeño intelectual y está ligada a la deserción escolar.

Sin embargo, debemos hacer énfasis en que los consumidores de marihuana no deben ser reprimidos con la última ratio del Estado, el derecho penal, debemos transitar hacia nuevos modelos que no criminalicen a personas que, sin armas ni antecedentes penales, posean más de 5 gramos de mariguana, pudiendo emplear tanto criterios de oportunidad como sanciones administrativas.

Este fue un diálogo ejemplar debido a que la sociedad civil se apersonó en las mesas exponiendo sus puntos de vista, desde asociaciones civiles y centros de atención para las adicciones, hasta avecindados preocupados por la creciente percepción de la legalización de la mariguana.

Ahí es donde quiero acentuar este debate, al analizar estas alternativas vale la pena pensar en aquellos que viven el día a día de las sustancias ilícitas, pensemos en el consumidor temeroso que compra clandestinamente marihuana, en los niños que no juegan en el parque debido a que ahí los jóvenes abusan de sustancias adictivas y en los miles de padres de familia que no quieren ver a sus hijos en el infierno de las adicciones.

No por buscar el derecho personalísimo de unos cuantos, a fumar mariguana, debemos pasar por encima de nuestras niñas, niños, y adolescentes, porque cualquier paso que se dé será determinante para futuras generaciones. Los derechos humanos son progresivos y una vez establecido un derecho así, difícilmente podremos dar marcha atrás.

México es un terreno fértil, de nosotros depende lo que se debe sembrar.