Formalidad, cultura de la Seguridad Social

Hablar de seguridad social es hacer referencia a enfermedades, accidentes de trabajo, desempleo, invalidez, vejez, maternidad, asistencia médica y apoyo familiar. El concepto no es sencillo, pero en todas sus facetas existe un común denominador que ennoblece su labor. El carácter profundamente humano que en la seguridad social se identifica, nos obliga a poner todos nuestros esfuerzos en su promoción y desarrollo.

Este lunes se inauguró la Semana de la Seguridad Social y fue la ocasión para abordar el tema entre expertos y actores políticos y sociales a fin de insistir en que las instituciones del Estado promuevan más activamente acciones para aportar conocimiento y fomentar lo que puede llamarse la cultura de la seguridad social.

Debemos considerar que estamos ante un reto que implica la incorporación de trabajadores independientes y del sector informal. En América Latina, entre 63 y 83 millones de personas carecen de pensión, según la OECD del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. Se estima que solo 45 por ciento de los trabajadores aportan recursos para su retiro.

En muchos países latinoamericanos como México, el problema está en la informalidad laboral, que mas o menos ronda en el 60 por ciento. La seguridad social es un asunto fundamental para cualquier nación, por el nivel de recursos públicos que demanda.

El asunto se agrava paulatinamente en tanto la población mundial en los diferentes países envejece y por otro lado, tenemos la atención a emergencias y proliferación de enfermedades.

En el abordaje de la problemática se enfatizó en la urgencia de instrumentar políticas fiscales, políticas económicas y en especial, de inclusión laboral para atender a los más de 36 millones de adultos mayores que se prevé existan a mediados de este siglo.

De aquí la importancia de que el Gobierno de la República esté planteando diferentes mecanismos y estrategias que permitan transitar de la informalidad a la formalidad. Incluso se ha enfatizado a través de campañas de difusión que un trabajador que logra incorporarse a la formalidad, aumenta casi un 20 por ciento sus ingresos con las prestaciones, lo que redunda en calidad de vida de las familias.

La tendencia actual de las políticas públicas instrumentadas en la materia, han demostrado que la tendencia negativa de la informalidad no sólo se logró detener, sino incluso revertir en dos o tres puntos; panorama que si bien es alentador nos obliga a reforzarlo de tal suerte que a largo plazo se goce de un mejor de sistema de pensiones.