Esperanza

Existe una leyenda talmúdica que cuenta de una princesa, cuyo destierro, lejos de sus compatriotas, languidece en un pueblo cuya lengua no comprende; sin embargo, un día llega a sus manos una carta, era de su prometido, quien le expresa que no la ha olvidado y que ha iniciado camino para ir a encontrarla.

La enseñanza de esta narración es la esperanza. Para los Rabinos, el prometido representa al Mesías, la princesa es el alma y el pueblo en el que esta desterrada, es el cuerpo. En los días que corren, esta leyenda nos invita a cuestionarnos precisamente esa palabra, esperanza.

La esperanza es paradójica, dice Erich Fromm, no es ni una espera pasiva ni un violentamiento ajeno a la realidad de circunstancias que no se presentarán. Es más bien como un tigre agazapado, que solo saltará cuando haya llegado el momento preciso.

En la revolución de la esperanza, Fromm precisa que "ni el reformismo fatigado, ni el aventurerismo falsamente radical son expresiones de esperanza. Tener esperanza significa, en cambio, estar presto en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida".

Es por eso que de entrada nos asaltará la pregunta de... ¿qué es lo que esperamos? La fertilidad de la leyenda con la que iniciamos, estriba en alimentar con fe el alma, creer en nosotros mismos. Esperar lo que ya existe o lo que no puede ser, carece de todo sentido.

Para quienes la esperanza es débil es fácil hallarlos envueltos en la comodidad o en la violencia, mientras que aquellos en quienes es fuerte, es común encontrarlos fomentando y dando todo de sí, para aquello que está en condiciones de nacer. En Eclesiastés 9:4 también nos confirman que: "Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos".

Ciertamente se vale esperar pero creo que todo depende de cómo validemos la espera. De entrada y en apego a una consciente existencia, sería validarla con vida, con lo que da nuestra humanidad, con ese susurro que te avienta al precipicio y al mismo tiempo con ese grito de miedo que te advierte.

En sólo dos días será Navidad y antes de que eso pase te propongo darte una cita contigo misma (o), que en la banca de un parque recuerdes todos los instantes que este año atesoraste y al mismo tiempo escuches como brinca de alegría tu corazón; vivimos en el reino de lo posible, tengamos la esperanza de que ocurra otra vez, el milagro de la vida.

Como dijo Ernst Moritz... Y el sol hizo el largo viaje alrededor del mundo.