Energía sedienta

Mañana se celebra el Día Mundial de la Energía ante la preocupante interdependencia del agua y la energía; esto, en cuanto al aumento de la demanda de dichos recursos, resulta muy apropiado comentar que recientemente fue lanzada la iniciativa mundial denominada Thirsty Energy (Energía Sedienta), que busca alentar el ánimo internacional.

¿Por qué hablar de una energía sedienta? ¿En qué consiste esa interdependencia? Los procesos de producción de energía requieren de agua (la generación de energía hidroeléctrica, refrigeración termoeléctrica, las operaciones centrales eléctricas, extracción, refinamiento y producción de combustibles). Por otro lado, la producción, tratamiento, distribución y uso final de agua requieren energía (extracción, tratamiento, transporte).

El desafío mundial está en que de los 7000 millones de personas que habitamos hoy el planeta, 2 mil 500 millones tienen acceso nulo o no confiable a la electricidad, mientras que 2 mil 800 viven en zonas con un elevado nivel de estrés hídrico, según el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de Naciones Unidas, 2011.

Lo anterior se traduce en que, para el año 2035 el consumo de energía aumentará un 35 por ciento, lo que influirá en el aumento del consumo de agua en un 85 por ciento y que por consecuencia habrá de aumentar la presión en los recursos hídricos finitos.

En un análisis comparativo de las diferentes macro regiones, Asia, por ejemplo, hacia el año 2050 aumentará su generación de electricidad en un 350 por ciento que tentativamente podrá ir a la par en el uso de sus sistemas hídricos; sin embargo, en el caso de América Latina aumentará en un 550 por ciento el consumo de energía y requerirá de un 360 por ciento más de sistemas hídricos. África, por ejemplo, tendrá una relación de 700 y 500 por ciento, respectivamente.

En cuanto a los riesgos para el sector productor de energía, está el cambio climático, el aumento de la temperatura del agua, el aumento en el nivel del mar, la calidad y la disponibilidad del agua; además, la incertidumbre normativa. Lo que se traduce en un alto impacto afectando con el cierre de centrales eléctricas como en Estados Unidos y Francia, por ejemplo.

La disminución en la generación de electricidad como en Venezuela por la escasez de precipitaciones. Brasil, por ejemplo, en 2012 en sus represas del sureste y centro-oeste sólo alcanzó 28 por ciento de su capacidad de agua; entre otros. Para Europa existen casos igualmente preocupantes.