Confianza, semáforos y corrupción

El pasado viernes, en atención a los resolutivos que presentó la Secretaría de la Función Pública sobre posibles conflictos de intereses, el presidente Enrique Peña Nieto hizo un fuerte llamado a la ciudadanía para recuperar la confianza en las instituciones, por lo que buscará instrumentar acciones concretas que combatan eficazmente la corrupción.

Nuestra sociedad cada día se vuelve más participativa y crítica, indignándose por conflictos de intereses o abuso de autoridad y ¡claro que debemos indignarnos! no podemos ser indiferentes ante la corrupción, debemos denunciarla y sancionarla con el estricto apego a la ley.

Pero la corrupción parece ser un fenómeno tan distante de nuestro día a día, sólo lo vemos allá tras lomita, como un cáncer que afecta únicamente a los políticos, aquellos seres infalibles que residen en el olimpo, cuya falla debe ser castigada con mayor severidad que al ilustre titán Prometeo.

Sin duda alguna, la responsabilidad de un servidor público es altísima, depende de él no resquebrajar el voto de confianza que hizo el ciudadano, pero eso no significa que la corrupción solo habite en el gobierno, la corrupción es un terrible mal que nos afecta a todos nosotros en el actuar cotidiano.

Simplemente no nos damos cuenta o tal vez no queremos darnos cuenta, la corrupción reside en cualquier conductor que se pasa un alto, que se estaciona en doble fila o en lugares prohibidos, que conduce en estado de ebriedad y no cumple sus horas en el "torito".

Nos rasgamos las vestiduras por los graves actos de corrupción que se han cometido, pero continuamos comprando productos piratas, dando mordidas o rogando nos quiten el inmovilizador del coche.

La corrupción es un problema que solo se puede resolver si la enfrentamos desde cada trinchera, la responsabilidad es de todos.

La reforma constitucional en materia de anticorrupción fue el primer paso para regresar la credibilidad a nuestras instituciones, nosotros como legisladores continuaremos trabajando para dotar a la reforma de los instrumentos legales que logren la renovación del aparato gubernamental; pero es momento de que la sociedad asuma su rol en esta lucha, sin limitarse a la crítica y la denuncia, tiene que cambiar y empezar a cumplir cabalmente las normas, en el día a día, en esas acciones pequeñitas que crean países virtuosos o corruptos.

Debemos tomar conciencia del impacto de nuestros actos, cuando veas el semáforo en amarillo y pienses en acelerar para ganarle unos segundos al tráfico, reflexiona si tú también estás contribuyendo a la cultura de la corrupción y a la pérdida de la confianza.