¿Ciudades verdes?

Este año la ONU centra el objetivo de la conmemoración del Día Internacional de la Madre Tierra en las ciudades verdes, haciendo un llamamiento a la concienciación.

Sin embargo, la tendencia plantea una inminente "bomba demográfica", ante el reto de desviar la urbanización de su trayectoria actual, insostenible –por cierto-, hacia ciudades ordenadas, que garanticen desarrollo, y no me refiero estrictamente al aspecto económico, sino a una serie de condiciones que ofrezcan: opciones, oportunidades y esperanza rumbo a un futuro sostenible.

Y es que el crecimiento urbano para los países en desarrollo está marcado, no por la oportunidad económica, sino por las altas tasas de natalidad y el movimiento de personas que huyen de la pobreza y marginación del medio rural, el hambre y la inseguridad.

Según datos que ofrece la FAO, para el año 2025, más de la población del mundo en desarrollo –aproximadamente 3 mil 500 millones de personas- será urbana.

Ante estos movimientos demográficos y los inminentes efectos adversos del cambio climático, no queda tregua alguna para hacer frente al ordenamiento territorial de inicio y, en consecuencia, de la inversión en tecnologías sustentables y el uso de energías limpias.

De esto se trata el asunto de las ciudades verdes, aquellas con capacidad de recuperación, autosuficiencia y sostenibilidad social, económica y ambiental, donde se materializan conceptos como eco arquitectura, industrias de circuito cerrado que no producen desechos.

En México, el principio de las ciudades verdes aplica sobre todo en cuanto al desarrollo urbano ordenado, que garantice principalmente seguridad alimentaria, espacios de trabajo cercanos y obligadamente, viviendas con servicios básicos de salud, agua y sanidad.

Aunque es un concepto relativamente nuevo, las ciudades verdes implican sobre todo un trabajo incluyente, tanto en la reflexión como en el lado de la producción de políticas públicas específicas, en la concurrencia de acciones en los diferentes niveles de gobierno y, por supuesto, de la necesaria y decidida participación de la sociedad civil.

En los últimos días se han dejado sentir con todo su peso los efectos del cambio climático, y de continuar con esta tendencia, como lo señaló el Nobel de Química Mario Molina en un foro organizado por el Senado, es casi imposible que la temperatura global hacia el año 2030 sea menor a los 2 grados centígrados, por lo que las consecuencias, con seguridad, serán aún más devastadoras.