Calidad del aire

El asunto de la contaminación del aire, día con día se vuelve impostergable y es que de acuerdo a los datos que ofrece el Banco Mundial, México emite un aproximado de 3.8 toneladas métricas de dióxido de carbono per cápita; lo que se traduce en alrededor de 470 mil toneladas de CO2, cifras que el organismo registra hasta 2010.

En 2011, la OMS indicó que la contaminación atmosférica urbana en el mundo ocasiona 1.3 millones de muertes al año; hoy, con seguridad esta cifra se estima que alcanza los dos millones, por lo que en su momento se exhortó a las autoridades públicas tanto a nivel regional e internacional, a tomar las medidas respectivas.

Por ejemplo, las partículas que se denominan PM10 son diminutos elementos sólidos o líquidos de polvo, cenizas, hollín, partículas metálicas, cemento o polen, dispersas en la atmósfera, y cuyo diámetro es menor que 10 µm (1 micrómetro corresponde la milésima parte de 1 milímetro), característica que permite su acceso sin dificultad hasta los pulmones y llegar al torrente sanguíneo; causando cardiopatías, cáncer de pulmón, neumonía, asma e infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores.

En un estudio que presentó el año pasado el Clean Air Institute, México se ubica como el segundo país de América Latina con más muertes por contaminación, con 15 mil decesos por año. Brasil y Argentina colocándose en primero y tercer lugar respectivamente.

Los sectores más vulnerables de la población por la contaminación del aire son los niños y adultos mayores, quienes regularmente padecen enfermedades respiratorias. Por ejemplo, la neumonía que es una enfermedad entre cuyas causas están los factores ambientales; cada año quita la vida de más de 1.2 millones de menores de 5 años en el mundo, lo que supone el 18 por ciento de todas las defunciones de niños en ese rango de edad, según datos publicados en noviembre 2012 por la OMS.

Los datos expuestos nos proyectan un futuro desolador; sin embargo, dependerá de nuestras acciones -como individuos-, las de los diferentes ámbitos de gobierno y las legislaciones, que se genere un cambio tangible. Basta con seguir los pasos de otros países que han logrado reducir sus emisiones de carbono mediante la consolidación de bancos y financiamientos verdes.

Por tanto, es imprescindible la participación de la sociedad civil, de los jóvenes, de los académicos, las universidades y toda instancia educativa; se trata de un ejercicio incluyente que demanda urgente atención.