2015, Año Internacional del Suelo

El 5 de diciembre de 2014 la ONU inauguró oficialmente el Año Internacional de los Suelos 2015, el objetivo es fomentar conciencia y comprensión respecto de la importancia del suelo; de inicio como un aliado de la seguridad alimentaria, nutrición y también por las funciones ecosistémicas que aporta.

Dentro de los objetivos que se persiguen con esta conmemoración están por ejemplo: educar al público en general sobre la adaptación y mitigación del cambio climático, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible; así como la protección de los recursos del suelo.

Se busca promover la inversión para realizar actividades de manejo sostenible de la tierra para desarrollar y mantener suelos saludables. Los suelos no tienen voz y pocas personas hablan de ellos. Son nuestros aliados silenciosos en la producción de alimentos, así lo ha referido Graziano da Silva, director de la FAO.

La mayoría de las veces se da poca importancia a los suelos en cuanto a uso y destino; se trata de un recurso complejo, tanto mineral como biológico, finito y estratégico, específico para cada ecosistema.

El suelo cumple con una serie de servicios ambientales, comúnmente sólo se relaciona al suelo con la agricultura y es por obvia razón, cerca del 95 por ciento de los alimentos nacen del suelo. Sin embargo, existen otros servicios de los que nos beneficiamos del suelo y no los vemos, tal es el caso del almacenamiento de carbono orgánico, vital en la adaptación y mitigación del cambio climático.

Según cifras recientes, aproximadamente el 33% de los suelos del mundo se encuentran degradados, lo cual nos alerta que además de condicionar la calidad y cantidad en la producción de alimentos, también están condicionadas todas las otras funciones ambientales en las que el suelo está involucrado.

La proyección hacia 2050 plantea en que al incrementarse la proporción poblacional existirá una mayor demanda en la producción de alimentos, se estima una demanda adicional de un 70 y hasta un 100 por ciento en los países en desarrollo; por ende existirá una mayor explotación de los recursos naturales.

Debe reconsiderarse el peligro actual que corren nuestros suelos en cuanto a la expansión desproporcionada de las ciudades y la deforestación, por mencionar algunas. Por ello, el reto estriba en una seria concienciación de las poblaciones pero en especial de la gobernanza global de este recurso no renovable, con miras no sólo a los retos de seguridad alimentaria que hoy enfrentamos, sino a los del futuro.