La verdadera revolución feminista nació en Yucatán

En relación al aniversario del inicio de la mujer en la vida política de México a través del voto, varios partidos se han adjudicado la paternidad de esa iniciativa de ley, que reconocía el derecho de ellas a ejercer su voluntad en las votaciones políticas del país. Sin embargo, la precursora de ese derecho fue la familia Carrillo Puerto, en Yucatán.

Felipe, que ocupo la gubernatura en los años 20, fue un político de ideas muy avanzadas en el terreno social, lo que incluía su apoyo a la participación de las mujeres en las elecciones, no solamente como votantes, sino como candidatas.

A principios de 1922, su hermana Elvia envió al congreso local un Memorial firmado por cientos de mujeres –inclusive de la capital del país– sustentando el derecho al sufragio femenino. Pero los diputados –socialistas que en los congresos del partido habían jurado dar el voto a las mujeres– resolvieron congelar la iniciativa “por no estar suficientemente ilustrados en el asunto”. Elvia decidió acudir entonces a su hermano Felipe, presidente del Partido Socialista del Sureste y gobernador del Estado. Luego de numerosas visitas, éste le solicitó una “terna” para elegir a una mujer como regidora del Ayuntamiento de Mérida que funcionaría entre 1922 y 1924.

Es decir, resolvió en el sentido de que las mujeres votaran y fueran votadas sin ningún soporte legal. Rosa Torre G., maestra, fue electa regidora el 7 de noviembre de 1922, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en acceder a un cargo de elección popular. Un año después, en las elecciones para la Legislatura local, fueron electas Elvia, Beatriz Peniche de Ponce y Raquel Dzib Cicero.

A la pregunta de por qué no enmendó Felipe la constitución política del estado, como lo estaban haciendo otros gobernadores (como Rafael Nieto, en San Luis Potosí), por qué dejó ese vacío legal, la historiadora Piedad Peniche Rivero opina que el dilema de don Felipe era traicionar a su hermana o arriesgar su capital político, sobre todo el nacional. Ya que los constituyentes de 1917, en Querétaro, no habían querido otorgar el voto a las mujeres por su supuesto clericalismo.

Siendo gobernador, reunió a las maestras más distinguidas de ideas liberales para encargarles una activa misión social: aclarar hasta la saciedad que el matrimonio es un contrato social disoluble y que el hombre y la mujer son iguales ante la ley y la cultura.

Todas estas acciones revolucionarias, si bien lo habían acercado a las masas campesinas y de los desposeídos de Yucatán, habían distanciado a Carrillo Puerto de los grupos oligárquicos que seguían detentando no sólo la economía de Yucatán, sino que se disponían a defender sus intereses de clase, apoyados por los militares que controlaban al ejército.

Independientemente de coyunturas políticas, del sureste salían iniciativas sociales que conmovieron los cimientos de una sociedad apática que añoraba a don Porfirio en el resto del país.