Algunas señales negativas en la sociedad mexicana

Cuando algunos sectores de las comunidades del país no denuncian sino que soslayan,  aceptan la protección, dádivas, beneficios, provenientes  de personas que evidentemente actúan al margen de la ley, es señal inequívoca de un cierto grado de descomposición social.

De ello no escapan quienes se asocian empresarialmente o estén a su servicio.

Ahora que, salir a las calles en señal de apoyo, respaldo y solicitud por la  libertad de los autores de todo género de delitos que reflejan alta peligrosidad,  es rebasar los límites de la sana convivencia en el tejido social del área geográfica en donde se presentan estos fenómenos de la libertad de expresión.

Un presidente de país sudamericano declaro recientemente que… “no denunciar, es equiparable a la falta del delincuente”… y tiene razón, porque las personas que delinquen obtienen relativa protección de quienes callan por temor o por concordancia. Sólo que se vive expuesto a los vaivenes de las circunstancias… es como radicar al lado de una fábrica de pólvora.

El influyente comunicador que colabora con este medio, Joaquín López Dóriga, ha expresado restándole importancia a una manifestación callejera en el puerto de Culiacán, que “… lo que sucede es que al trasmitir un instante en las primeras planas, se queda la percepción de un movimiento popular que va más allá del criminal, y de una base social amplia que por más que  digan que existe, no es así , no al menos en las zonas urbanas “, y más adelante que “las imágenes no siempre dicen lo que el lugar común asegura y menos en este caso”, a propósito de la frase de que una imagen dice más que mil palabras.

Sin entrar en controversia cuantitativa, el fenómeno del apoyo público a personas que han delinquido, o  al no denunciar, es señal de una filtración frágil de  gratitud por algún favor recibido, o lo peor, porque se le considera un modelo de persona en una pobre concepción de la grandeza humana.

Muchos niños y jóvenes, a falta de liderazgos a su alrededor, señalan a  quiénes son dignos de imitar, reforzado esto por los llamados “corridos” que ensalzan acciones perfectamente fuera del escenario de una sociedad ideal.

Otra  señal negativa con menor intensidad que la anterior  pero no por ello menos preocupante, es la falta de solidaridad social ante problemas que le aquejan: no existen grupos de vecinos, asociaciones cívicas, representantes sociales que encaucen reclamaciones, solicitudes, críticas y organicen manifestaciones pacíficas en pro de los derechos ciudadanos y la defensa de la economía familiar por lo excesivo del cobro de servicios.  

Por ejemplo, ante el embate del robo domiciliario, no existe organización de vecinos que establezcan un sistema de defensa ante ese riesgo de la seguridad y patrimonio: a cada víctima sólo le queda la defensa propia.