La segunda cumbre de rectores México-Japón

A fines de octubre del presente año de 2014, se realizó en la ciudad de Guanajuato la segunda reunión de rectores de  universidades de México y el Japón,  para analizar las posibilidades de cooperación, del fomento a las relaciones culturales y la innovación.

Cada universidad que se precie de moderna, está buscando la apertura de puertas a la colaboración, al intercambio de  académicos  y éstos a su actualización; en muchas de ellas, ya existe una dinámica movilidad de estudiantes y profesores que  cruzan  las fronteras.

Es muy edificantes que los representantes de universidades ingresen a amistosos congresos para enterarse de lo que se está haciendo en otras en materia administrativa, académica y cultural, e innovando  para encontrar así grados de discrepancia entre el deber ser de la institución educativa respecto a las vanguardias en otras latitudes.

Por ejemplo, en la mayoría de las universidades japonesas  las reglas establecidas para su funcionamiento se respetan, son estables, pero a la vez innovadoras; cada miembro de ellas conoce su función y responsabilidad  y aunque nunca se hacen llamar “autónomas”,  son más independientes que las mexicanas. Las formas de gobierno  sólidas, la libertad académica es una realidad, con planes a largo plazo que no tienen nada qué ver con las “buenas” relaciones con el gobierno. Rara vez, por no decir nunca, entra un representante del gobierno a los recintos, no se exhiben acuerdos o incrementos en el presupuesto, ni se declara superávit en la calidad académica... esa la evalúan auditores externos.

Los rectores mexicanos expusieron en los paneles, que los mundos empresarial y universitario  poseen barreras culturales difíciles de superar, porque mientras los unos están en el campo del saber, los empresarios están en el de las utilidades. Surge una pequeña “Torre de Babel”.  En cambio, el rector japonés afirmó que en esta  relación se da un diálogo fluido y una firme colaboración, presentando como ejemplo la que existe entre la Universidad de Hiroshima y la empresa Mazda, sin que la primera quiera tomar ventaja de la otra, nadie arguye violaciones a la autonomía. La empresa se beneficia del ambiente de innovación en  todos los niveles y de la afluencia de fondos para la investigación.

Es verdad que las universidades mexicanas están ansiosas de innovar, de cambiar,  aventurarse  e incrementar  la cooperación con   otros países, pero a  veces no se atreven a afectar el presupuesto algo “encajonado” en el gasto tradicional.

Mientras que en el Japón las universidades buscan certificarse en las diferentes funciones, los profesores dialogan sobre  posibles cambios al  sistema, hasta llegar a la celebración de reuniones de primer nivel, para indagar sobre las futuras mejoras, con la asesoría de expertos.  La paralización de labores es inexistente, dado que la cultura nipona es sumamente exigente con el uso del tiempo; allí todo se moviliza con el reloj en la mano y no pierden ni un minuto porque le dan al tiempo el valor que merece ¿Protestar fuera de las aulas   ?  … imposible.

Como anécdota sobre el valor del tiempo, recordamos el incidente entre un representativo de la cultura japonesa que vino a dar una conferencia a una institución educativa local en el sur de Tamaulipas  y llegada la hora de su intervención, ésta no tenía visos de empezar, por lo que  el empresario dijo más o menos: “Si no empiezo dentro de tres minutos, me regreso a la ciudad de México”.  En 2 minutos estaba abriéndose su presentación, mientras muchos alumnos con actitud distraída y paso lento, iniciaba su ingreso a la sala.